Un dúo contrastante

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Tan sólo la intervención de Teodor Illincai en el aria «Nessun dorma» (Puccini) justificaría todo el concierto. Escuchando a este joven tenor rumano, quizá a más de uno se le vendría rápidamente a la cabeza la versión de Pavarotti, la ejecución más sublime que se haya hecho jamás de esta pieza, en opinión de muchos. Cierto que Illincai no llega todavía a la limpieza y nitidez de Pavarotti en el centro, pero el arranque y brillo de sus agudos, su impresionante potencia y la emoción que arranca le acercan mucho al italiano. Así que esta última cita del ciclo «Ópera y Grandes Voces» del Auditorio de Valladolid nos ha descubierto a un grandísimo tenor, que derrocha simpatía y buen hacer, y para el que los aplausos constituyen un compromiso más con el espectador, al que se entrega en alma y cuerpo.

Aunque haya empezado por Illincai, la protagonista anunciada para esta velada era Angela Gheorghiu, la afamada soprano rumana que ofrecía en Valladolid su único concierto en España. Tras la primera pieza instrumental, apareció por fin, acompañada de Giordano Bellincampi, la batuta invitada para dirigir a la OSCyL, y cantó con Illincai el dúo «Parigi, o cara» («La Traviata»): precioso timbre, redondo y bien coloreado en el registro agudo. gusto en el fraseo, y homogeneidad en la emisión. Este arranque prometía una noche memorable. Y así lo fue, pero por motivos bien distintos a lo esperado. En la siguiente pieza, «Lascia ch’io pianga» (Händel), Gheorghiu mostró su otra cara: una ejecución correcta desde el punto de vista vocal, un tratamiento romántico con unos tempi ralentizados en exceso y, sobre todo, una incomprensible ligereza, que la rumana pareció convertir en «leitmotiv» del resto del repertorio: bellísimos pasajes belcantísticos, abordados (a excepción de «Rusalka» —Dvorák—), más desde la pose y búsqueda del aplauso que desde las entrañas de la partitura. ¡Paradójico contraste entre esta cuasi vedette operística —«única superestrella de la ópera internacional», se lee en su curriculum—, despedida con el público en pie vitoreándola, y la presencia, seriedad, rigor y discreción del joven Illincai!