Al alimón

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Una orquesta y un violín poderosos. Este podría ser el resumen del concierto protagonizado por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL), con su titular Lionel Bringuier al frente, y la violinista rusa Viktoria Mullova, en un programa íntegramente dedicado a Johannes Brahms, con la «Sinfonía nº 1 en Do menor» y el «Concierto para violín y orquesta en Re mayor», dos obras mayores de su catálogo orquestal compuestas respectivamente en 1786 y 1789. Esta última pieza es bien conocida por Mullova (la grabó con la Filarmónica de Berlín y Claudio Abbado para el sello Philips en 1995) y por nuestra Sinfónica (su última audición en la temporada 2008-9, con el violín de Gil Shaham y la dirección de Alejandro Posada); y quizá este hecho haya contribuido al buen entendimiento que se produjo entre ambos y, por consiguiente, a su buena ejecución.

Arrancó el violín de Mullova con un pasaje de dobles cuerdas que declaraban ya su impronta interpretativa: carácter, vigor, precisión, con un ataque no violento sino bien determinado, y una fuerza que no impide la expansión lírica. Sus sobreagudos son tersos filatos, los pasos dúctiles y la línea melódica cantable y expresiva. Una grandísima violinista, de porte serio y algo hierático, a la que costó arrancar una propina: un pasaje de una ciaccona de Bach; estremecedora coda para su deslumbrante actuación en el auditorio vallisoletano.

Si la orquesta había estado bien «temperada» en la primera parte, en la segunda culminó la faena, con una exposición clara y profunda de esta primera sinfonía de Brahms. Una partitura compleja, buena piedra de toque para el trabajo orquestal en su conjugación de breves pasajes solísticos y tuttis con gran variedad de juegos tímbricos. Excelente trabajo de unos y otros, con destacadas intervenciones del oboe, clarinete, flauta, timbal y las trompas en el elegante coral. Minucioso trabajo de Bringuier, que va creciendo en cada una de sus actuaciones con la OSCyL, y cuya madurez sigue sorprendiendo.