Cepillo sustraído en la iglesia de Torres de Carrizal, donde se llevaron también la corona de la Virgen
Cepillo sustraído en la iglesia de Torres de Carrizal, donde se llevaron también la corona de la Virgen - M. ÁLVAREZ
Sucesos

Zamora, en jaque por los continuos robos en su patrimonio religioso

Preocupación entre los vecinos de los pueblos por la treintena de hurtos cometidos de noche, aprovechando que nadie transita a esas horas por las calles

La mayoría de las veces sólo se llevan la «calderilla» de cepillos y lampadarios pero en ocasiones también cálices, coronas y hasta una campana

ALBERTO FERRERAS
ZamoraActualizado:

¿En qué iglesia han robado esta vez? Esa pregunta se ha convertido en tema de conversación habitual en los encuentros de sacerdotes de parroquias rurales de Zamora. En apenas dos meses una treintena de robos se han sucedido en distintas comarcas de la provincia. Los ladrones no entienden de provincias eclesiásticas y han entrado tanto en templos de pueblos de la Diócesis de Zamora como de la de Astorga, a la que pertenecen parroquias del noroeste provincial. En la mayoría de los casos, los robos responden a un mismo patrón.

Puerta de la iglesia parroquial del Salvador de Almaraz de Duero después del intento de robo
Puerta de la iglesia parroquial del Salvador de Almaraz de Duero después del intento de robo

Quienes cometen los hurtos actúan amparados en la noche en días de diario, aprovechando que en los pequeños pueblos no hay ni un alma a esas horas, lo que facilita sus pretensiones pese a que, or lo general, las iglesias se encuentran en un lugar central del casco urbano. Acceden a «la casa de Dios» forzando alguna puerta o ventana y una vez dentro revuelven todo en la sacristía para intentar encontrar algún objeto de valor o dinero, aunque finalmente su único botín son unos cuantos euros en calderilla que se llevan de los cepillos y lampadarios.

«Es más el destrozo que causan que lo que se llevan», explica el párroco de Torres del Carrizal, Pedro Faúndez. Los objetos de mayor valor se mantienen a buen recaudo y no se suelen dejar en los templos por las noches. Aún así los cacos no respetan nada y si encuentran un cáliz de cierto valor no dudan en hacerse con él y lo mismo pasa con los adornos de las imágenes religiosas, aunque no siempre aciertan. En Torres se llevaron la corona de la Virgen, pero ésta era de latón y tenía un escaso valor, aunque los ladrones «debieron pensar que era de oro».

Hasta una campana de 200 kilos

El caso más llamativo de la treintena de robos que se han denunciado en la provincia ha correspondido al templo de Carracedo, un pequeño pueblo de la comarca de Benavente en el que los amigos de lo ajeno lo tienen aún más fácil que en otros lugares, ya que allí la iglesia se encuentra fuera del casco urbano. Eso favoreció que en esta ocasión lo que robaran fuera una de las campanas, de más de 200 kilos de peso. Cuando el párroco, Miguel Hernández, acudió a la Guardia Civil a denunciar los hechos, los agentes, al verle, creyeron que se trataba de uno más de los típicos robos en iglesias pero no salieron de su asombro cuando les detalló el voluminoso y pesado objeto que se habían llevado esta vez los ladrones.

«Los pueblos se están haciendo vulnerables con la despoblación»

Los hurtos en los templos han generado una sensación de inseguridad y alarma entre los vecinos de los pueblos de Zamora, que se sienten indefensos y ven cómo los amigos de lo ajeno aprovechan que apenas hay gente y ésta es de avanzada edad para actuar con mayor impunidad. Ese aspecto lo ha reconocido el propio subdelegado del Gobierno en Zamora, Jerónimo García Bermejo, que admite que los pueblos «se están haciendo vulnerables con la despoblación» y el hecho de que no transite nadie a partir de una determinada hora facilita la labor de los cacos. Aún así, la Guardia Civil es consciente de la alarma social que causan estos robos y centra sus esfuerzos en intentar dar con los autores, pese a las dificultades que entraña investigar este tipo de hurtos.