Fernando Conde - Al pairo

Con vox y voto

«En un futuro inmediato Santiago Abascal quizá deba depurar estos tics que sitúan a su partido en una especie de autismo político autoexcluyente»

Fernando Conde
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Valladolid. 15 de abril de 2019. 18 horas. Centro Cultural Miguel Delibes. En fila india una multitud aguarda paciente, desafiando a la oscura meteorología que poco antes ha descargado un magnífico pedrisco sobre el lugar, la llegada de Santiago el Menor. Santiago Abascal, el líder de la nueva fuerza política a la que unos identifican con la extrema derecha y otros con la esperanza de lo nuevo, arengará en breve a quienes quieren escucharle: niños (de la parte kukusklanera y meapilas, que diría algún republicano), jóvenes, ancianos, militantes y ex militantes de otros partidos políticos, gente normal, obrera, jerarcas... El crisol es variopinto. Alguien entre el público asegura haber visto a Tezanos haciendo encuestas para el CIS. A la pregunta de a quién va a votar usted, todos contestan lo mismo: «no lo sé. No lo tengo decidido». Pero a buen entendedor, José Félix… Porque lo único cierto es que esas personas están allí, aunque les llamen fascistas, ultras o lo que sea. Duele y pesa mucho menos el insulto cuando se comparte con tantos iguales.

Santiago Abascal, el Menor de esta España que ya ni el Mayor es capaz de cerrar, aparece. A pie llega a las puertas de un auditorio en el que más de la mitad del público, unos mil quinientos, ha visto cómo se le cerraban aquellas y las intenciones, por agotamiento de aforo. Santiago Abascal sabe que debe hablarles, que debe poner en sus oídos la esperanza que han venido a buscar. El verbo directo y la frase sencilla, clara y rotunda juegan a su favor. Él es el mejor de los suyos; algunos alrededor aún exhiben ademanes de otros tiempos (ciertos medios de comunicación han sido vetados o amenazados con serlo). En un futuro inmediato Santiago quizá deba depurar estos tics que sitúan a su partido en una especie de autismo político autoexcluyente. El juego de la política tiene sus propias normas y conviene, si no aplicarlas, sí al menos sabérselas.

Valladolid. 16 de diciembre de 2015. 17 horas. Centro Cultural Miguel Delibes. En tropel una multitud aguarda paciente, desafiando a la inclemente meteorología decembrina, al amado líder, al hombre que con su coleta y sus pulseras ha prometido seguir viviendo en Vallecas cuando llegue a presidente, y cambiar España… por otra cosa. La fotografía, a distancia y «mutatis mutandis», podría ser la misma: una multitud en busca de aires nuevos, de nueva política en la que creer. La de diciembre de hace casi cuatro años se transformaría luego en 71 escaños (hoy humo, nada). La del pasado lunes… tiene fácil pronóstico; basta con contar gente.

Otro tanto. En Valladolid, como en muchos otros lugares de España, aplauden a Abascal varios miles de personas. La mayoría con vox y voto.

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