Fernando Conde - Pasaba por allí...

Con Vox... y vivo

«Ortega Lara, el mejor de ellos, que levanta al público de sus asientos con su sola presencia y que, de primeras, deja claro que fundó Vox»

Fernando Conde
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Confirmado: el delegado de ABC en Castilla y León me tiene manía. Porque, qué otra cosa si no explicaría que me mande la semana pasada a cubrir un mitín de Podemos y me envíe ésta a hacer lo propio con uno de Vox. Se lo voy a decir a mi padre. ¡Con lo bien que estaría un servidor de ustedes escuchando una de esas monocordes homilías de Mañueco o una perorata sanchopanzista de don Quijote Igea o una soflama de inane transcendencia a cargo de un Luis Tudanca más ilusionado que nunca (Tununca, le llama un amigo mío; intuyo que con mala leche) con ser el primer socialista que ocupe el Colegio de la Asunción en treinta años! Vamos, lo que viene siendo una cosa moderada y con poca sal, que es mala para el corazón. Pero aquí estoy, dispuesto a dar testimonio de lo que dé de sí este acto en el que el nombre más atractivo es, sin duda, el de José Antonio Ortega Lara (sólo escribirlo me impone un venerable respeto hacia la única persona que, que se sepa, ha vuelto vivo del infierno. Y más aún ahora que los asesinos y sus adláteres se sientan en el Congreso y el Senado de España disfrazados de demócratas. ¡Qué asquito!).

En estas autonómicas, municipales y europeas, el camino de Santiago (Abascal) no pasa por Valladolid. De ser así, el Teatro Cervantes y su aforo de trescientos se hubieran quedado pequeños. Aun así, algo más de doscientas ocupan el patio de butacas (veo mucho joven y me pregunto si los que eché en falta en el mitin de Podemos habrán cogido una bandera de España y se habrán venido aquí. Igual no).

La puesta en escena es, sin duda, mejor que la de sus adversarios: música española al estilo Radiolé, con el imprescindible José Manuel Soto y su pasodoble homenaje a lo español, algo de pachanguita y la mítica canción de Los Nikis, «El imperio contraataca» (supongo que estarán al día con el impuesto revolucionario de la SGAE); también vídeos «motivacionales» y mucho verde manzana fresco sobre los cuerpos del «staff».

A la canallesca la han subido esta vez al gallinero. Somos menos que en el otro mitin. En este sentido, quizá la bisoñez de Vox y el estar persuadidos de que tienen en contra a todos los medios de comunicación no les permita entender que no se cazan moscas con vinagre. Ya aprenderán.

Abre el acto Sofía Muñoz, presidente de Vox en Valladolid. Aquí tampoco la paridad brilla por su asistencia. Pero al menos estos no han hecho bandera de ello y son abiertamente contrarios a la ideología de género. Algo más de coherencia se intuye. A continuación toma la palabra (perdón por la usurpación, amigo Saravia) Javier García Bartolomé, el candidato a la Alcaldía de Valladolid, al que, siendo sinceros, un servidor no ponía hasta el momento ni nombre ni cara. A pesar de los nervios del neófito logra trasladar al público unos cuantos mensajes claros. Cosa que no harán después ni Pablo Sáez, diputado de Vox por Valladolid, que tendrá que entrenar ante el espejo para batirse en el Congreso; ni Jesús García Conde, candidato a la Junta, que de tanta voz como pretende poner a los castellano y leoneses se va a quedar ronco, y cuyo discurso deslavazado despista tanto al respetable que éste acaba por no saber cuándo tiene que aplaudir.

Y por fin, Ortega Lara, el mejor de ellos (así re refieren a él) que levanta al público de sus asientos con su sola presencia y que, de primeras, deja claro que fundó Vox por dos razones, a saber, porque en el Partido Popular metían las propuestas de la Fundación Renovaciones, a la que él pertenecía, en un cajón; y sobre todo, porque una vez, cenando, su hijo le dijo. «papá, nos vais a dejar un país de mierda».

Su discurso es de base moderada en su fondo ideológico («no estamos contra el estado autonómico, pero hay que mejorarlo»), pero vehemente y vigoroso en las formas, como de quien está en política más por convicción que por interés.

He salido vivo de ésta y menos mal que la campaña toca a su fin porque, si no, veo que este delegado es capaz de mandarme a cubrir un mitín del Partido Animalista, y eso sí que sería ya ponerme banderillas.

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