clásica

«Turangalila»: audición número...

OSCyL Ludovic Morlot, dtor invitado; S. Osborne, piano; Cynthia Millar, ondas Martenot; Programa: «Turangalila» (O. Messiaen); Valladolid, Auditorio;3-05-2012

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Messiaen estrenó «Turangalila» («Sinfonía para piano solo, ondas Martenot y gran orquesta») en 1949. No era la primera vez que el compositor francés recurría a un instrumento novedoso como las ondas Martenot; ya lo había hecho en obras como «Trois petites liturgies de la Présence Divine» (1944), «Deux monodies en quarts de ton» (1938) o la «Fête des belles eaux». Esta última pieza, que incluía un conjunto de seis ejemplares del instrumento electrónico, se interpretó en la Exposición Internacional de París de 1937, en la que curiosamente también se presentó la primera orquesta de ondas musicales Martenot. Evidentemente para un músico como Messiaen, profesor de armonía y composición en el Conservatorio de París, esta especie de primer sintetizador encerraba extraordinarias posibilidades que ilustraban bien algunas de sus novedosas teorías expuestas en su tratado «Técnica de mi lenguaje musical». Su peculiar espectro sonoro remite tanto a arcanos remotos como a espacios utópicos.

«Turangalila» sigue constituyendo hoy día uno de los paradigmas de la música contemporánea con sus imaginativas combinaciones tímbricas, su original entramado armónico, sus texturas sorprendentes y sus dinámicas cambiantes sometidas a continuas permutaciones rítmicas. La monumentalidad de esta sinfonía (duración, efectivo instrumental, exigencias técnicas) hace que se programe de forma esporádica en las temporadas de conciertos. De hecho nuestra Orquesta Sinfónica la ha abordado por primera vez en la doble sesión de abono de esta semana, bajo la dirección de Ludovic Morlot y la intervención de Cinthia Millar a las ondas Martenot y Steven Osborne al piano. Morlot ha realizado una ejecución brillante y vigorosa, consiguiendo transmitir a través de las contrastantes capas sonoras de la partitura (pasajes violentos e inquietantes seguidos de otros calmos y seductores) el mundo visionario, perturbador y desbordante de Olivier Messiaen en este canto al amor, la muerte y la vida. Extraordinario el pianismo de Osborne, poderoso y frenético (según requiere la obra), y la precisa interpretación de Millar.