Antonio Piedra - No somos nadie

Tregua

«Ya supone un alivio no tener que ver la cara de tanatorio de Rajoy o la gola impostada del diputado cunero por Palencia achicando el agua de un barco que se hundía»

Antonio Piedra
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Aunque no se tenga mucha fe en la política por aquello que decía Faulkner que «es una vergüenza que en el mundo se trabaje tanto», no queda más remedio que esperar un poco y darle tiempo al nuevo gobierno que unos llaman Frankenstein, otros el mejor del mundo, y la mayoría de españoles el de si Dios quiere para ver si de hora en hora esto mejora. Como creo en las metamorfosis poéticas de Ovidio, démonos un compás de espera mientras cuaja la mahonesa. Preparar las salsas lleva el mismo tiempo que las mangas y las Pascuas. Más que mangas, aquí necesitamos mangueras, pues de momento el nuevo gobierno nos cuesta al contribuyente un 25% más que el anterior.

Después del gobierno de Rajoy, que tenía la ilusión en los talones y la imaginación en Marte, el aire de frustración y de amargura se comunicó a los ciudadanos al ver cómo sus sacrificios servían de muy poco. Aunque le toque vivir una difícil experiencia, el gobierno de Sánchez tiene la obligación de transmitir un aire de esperanza y de mejora en los ciudadanos. No puede confundir la monserga del progresismo constante -un mantra que utilizan unos partidos contra otros- con las mejoras sociales. Y ello porque el progresismo es un concepto ideológico que en sí encierra muchas trampas. El enfermo, normalmente, quiere mejorar, el parado trabajar, y el que trabaja hacerlo en condiciones más dignas. Y aquí acaba el progresismo de escaparate.

En estos instantes de junio y aguaceros, todos necesitamos que pase la sensación de mayo con mucha paja y poco grano. Necesitamos ver que el sacrificio de nuestros impuestos sirven para mejorar las condiciones de vida. Ya supone un alivio no tener que ver la cara de tanatorio de Rajoy o la gola impostada del diputado cunero por Palencia achicando el agua de un barco que se hundía. El anterior gobierno confundió el irse a pique de un partido con el hundimiento de España. Gran error. Por eso hay que reconocer que con el nuevo gobierno ha entrado una corriente de aire fresco o renovado. Veremos -¡ojalá que mucho!- cuánto dura esta sensación.

Si esto fracasa -lo veremos a la misma velocidad de vértigo que internet-, estaremos de nuevo metidos hasta las trancas en el lodazal del pantano. Hoy nuestra obligación es desear que el gobierno de Sánchez tenga éxito porque la esperanza, como dice el refrán, es lo último que se pierde. Anticipar la derrota supone formar parte de ella. Y no. Un defecto común de los españoles es desear el fracaso ajeno para justificar el fracaso propio. Tampoco. No debemos caer en esa trampa. Tampoco debemos contagiarnos de los defectos terribles que hayan tenido en la oposición quienes ahora ocupan el poder. Lo peor que pueden hacer nuestros enemigos es contagiarnos del cuanto peor mejor. Hasta en las guerras, hay treguas por Navidad. Nosotros, que estamos en una Navidad política, necesitamos también esa tregua.

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