Pancarta en favor del Toro de la Vega, junto al Ayuntamiento, en la Plaza Mayor de Tordesillas
Pancarta en favor del Toro de la Vega, junto al Ayuntamiento, en la Plaza Mayor de Tordesillas - F. HERAS

Tordesillas, un pueblo que «lidia» entre la resignación y el enfado

Tras el último revés del Tribunal Supremo al polémico torneo, la localidad vallisoletana quiere «pasar página»

VALLADOLIDActualizado:

A los pies de las Casas del Tratado, donde España y Portugal se repartieron el Nuevo Mundo, y con el majestuoso río Duero como testigo, se alza la escultura del Toro de la Vega, todo un homenaje de una localidad que en los últimos años ha peleado por mantener una tradición que se remonta al siglo XV: el torneo en el que un hombre con lanza, a pie o a caballo, y un toro bravo miden sus fuerzas a campo raso. Esa era la esencia de un festejo que se ha repetido año tras año cada segundo martes del mes de septiembre hasta que, en 2016, la Junta de Castilla y León, gobernada por el PP, aprobó un decreto que, en la práctica, supuso su prohibición. Por el camino quedaron el empeño de los vecinos de Tordesillas, guardianes de su tradición, y las reivindicaciones de los colectivos animalistas, que denunciaban el maltrato animal.

Así, los festejos de 2017 y 2018 se desarrollaron ya con un formato en el que el Toro de la Vega fue una suerte de encierro por el campo y sin muerte del astado. Sin embargo, los vecinos de la localidad vallisoletana aún no se habían resignado a que el festejo no volviese a su estado original y el morlaco pudiese ser lanceado. De hecho, el Ayuntamiento tordesillano, con su alcalde socialista a la cabeza, acudió a los tribunales, sin éxito alguno, recorrido que concluyó esta misma semana cuando el Tribunal Supremo inadmitió a trámite el recurso de casación interpuesto por el consistorio contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, que dio la razón a la Junta al prohibir el festejo.

La decisión del Alto Tribunal fue la «puntilla» para los vecinos de la villa, que dan casi por perdido el torneo en su forma tradicional y lamentan que su municipio haya protagonizado, y no para bien, no pocas paginas de diarios e informativos de radio y televisión. Por eso, muestran bastante hartazgo cuando se les pregunta por el Toro de la Vega y piden que se hable mas de la fecunda historia del municipio y de otras celebraciones, como el desfile de los faroles, también durante las fiestas patronales. De ese parecer es Rosalía, una tordesillana que deja claro que «me preocupan otras cosas más que el toro» aunque, como sus compañeras de tertulia, se queja de que «las cosas no se han hecho bien». «Han fallado las formas», apostilla María, para quien el festejo «hubiera evolucionado por sí solo», pero lamenta una imposición que achaca a «la presión de los animalistas a los políticos. En esa afirmación coincide un hostelero del municipio que, bastante más enfadado habla de «bajada de pantalones» en el PP y el PSOE a los que culpa de que se prohíba matar al animal en público durante el torneo. «Si ese es el argumento, que quiten también San Isidro» ironiza, a sabiendas de que ese no es su deseo. Y es que como reconoce José, otro vecino de la villa, «el Toro de la Vega va en nuestro ADN», por eso se niega a «tirar la toalla», a la espera de que llegue a la política un «tío, tío» que cambie una situación en la que «hemos tenido a los políticos en contra» y recuerda con cierta pena que «fue el Gobierno autonómico del PP el que prohibió el festejo».

«Llegará su momento»

En Tordesillas, muchos de sus habitantes aún mantienen la esperanza, más bien romántica, de que algún día las cosas cambien. «Tengo la ilusión de que el Toro de la Vega vuelva y llegará su momento», señala Andrés, un jubilado de la localidad que aclara que «nunca me he perdido el torneo y sólo una vez he visto matar al toro», rechazando así el argumento esgrimido para su prohibición, y culpando también a los políticos de lo sucedido. Son vecinos que miran de reojo a las elecciones municipales del 26 de mayo, recordando que en los comicios de hace cuatro años, ya en pleno debate sobre el torneo, en el municipio se emitieron 800 votos nulos en los que se escribió «Viva el Toro de la Vega». «Hubieran sido dos concejales más», advierten. Lo que suceda en la próxima cita electoral es una incógnita, pero la realidad es que en Tordesillas hay votantes muy enfadados y con ganas de decidir.

«Las tradiciones tienen que morir solas»

Jesús López Garañeda, miembro y fundador del Patronato del Toro de la Vega, lamenta la «violencia exagerada» y cómo «el pueblo se ha visto violentado cuando nunca se ha contestado con violencia». Este estudioso y autor de varios libros sobre el festejo insiste en que «las tradiciones tienen que morir solas, no obligadas». Cree que el torneo «hubiera evolucionado por sí solo», entre otras cosas porque, explica, ya no había casi lanceros. Se reconoce «muy decepcionado» con lo ocurrido y critica el Decreto de la Junta que impide dar muerte al morlaco porque «se ha vulnerado el derecho consuetudinario» .