Tomás Escudero, Juan Ávila y Eugenio Pérez actuarán en la final de las nocturnas

JAVIER LÓPEZ HERNANZ. VALLADOLID
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El riosecano Tomás Escudero junto al valenciano Juan Ávila y al alicantino Eugenio Pérez conforman el cartel de la novillada final que se celebrará el próximo sábado 26 de julio en el coso de Zorrilla. El jurado encargado de elegir a los triunfadores estuvo compuesto por profesionales, veterinarios, aficionados, críticos y representantes de la empresa.

Antes de que el jurado se reuniese se celebró el tercer y último festejo, preludio de la gran final, que resultó entretenido a pesar de que los novilleros no consiguieron cortar ningún trofeo. Con un cuarto de entrada se lidiaron novillos de la ganadería vallisoletana de Valdeguareña, que resultaron mansurrones aunque en distinto grado. El cuarto con genio puso en apuros al novillero.

Jesús Herrero, natural de Tiedra (Valladolid), lanceó con garbo a pies juntos al primero. Comenzó la faena con un ceñido pase cambiado por la espalda. Ejecutó varias tandas de derechazos que tuvieron largura y templanza. Por el pitón izquierdo el novillo tuvo menor recorrido por lo que la faena se basó sobre la diestra. Se mostró pinturero y resuelto, si bien por momentos le faltó mejor colocación y mayor ajuste. Falló con la espada y con el descabello, lo que le privó de trofeos. (Saludos).

Al salmantino Daniel Martín le correspondió un eral complicado que punteaba en cada embestida y sabía lo que se dejaba atrás. El novel estuvo firme y voluntarioso, solucionó la papeleta con dignidad y en ningún momento se arredró a pesar de las tarascadas que le tiró el animal. Mató de un infame bajonazo antes de cobrar una estocada. Le pidieron la oreja y el presidente, con acierto, no se la concedió. (Vuelta al ruedo).

El rondeño Javier Avilés tiene un corte de toreo artístico que recuerda en sus maneras a su paisano Javier Conde. Capoteó a la verónica con gusto. Con la muleta dejó detalles de su particular personalidad plena de enjundia y sentimiento. Los continuos desarmes deslucieron el conjunto al que le faltó cuerpo y ritmo. Mató de estocada y de nuevo le pidieron la oreja, cuya petición no fue atendida por el presidente. (Vuelta al ruedo).

A Curro Marciel, de Nava del Rey, le correspondió un complicado novillo que sacó genio y puso en apuros al joven diestro. Se mostró voluntarioso, aunque se le vio menos placeado que a sus compañeros. (Silencio).