El desbordamiento del Pisuerga en 2001 obligó a desalojar a un centanar de vecinos en Valladolid
El desbordamiento del Pisuerga en 2001 obligó a desalojar a un centanar de vecinos en Valladolid - F. DÍEZ

Tierra de inundaciones recurrentes, pero predecibles

El bajo Pisuerga, el Tormes y el Duero en Tordesillas, Toro y Zamora son los puntos con un «peligro potencial mayor»

ValladolidActualizado:

A la vista de las dramáticas imágenes dejadas por la tromba de agua y el desbordamiento en Mallorca registrados hace unos días, la pregunta que puede surgir es si en Castilla y León se podría vivir una situación similar. Inundaciones se han dado, y muchas, a lo largo de la historia, pero hay algo que, en principio, diferencia a la región de la isla balear: pese a que una gran parte del territorio se localiza en zona montañosa, los grandes cauces discurren aquí por reducidas pendientes. Aún así, la posibilidad de padecer inundaciones en la región «es variada», tal y como recoge el Plan de Protección Civil ante este riesgo, en el que se alerta expresamente de la necesidad de una «correcta planificación de los usos de suelo» en los municipios en zonas de montaña, donde las cuencas son pequeñas; las pendientes, fuertes; las litografías, impermeables, y donde las precipitaciones suelen ser intensas debido a su carácter tormentoso y se carece de tiempo para avisar a la población.

Las inundaciones y desbordamientos han sido una constante a lo largo de los años. La gran extensión y diversidad de los espacios a los que puede afectar, la densidad de la red hidrológica, la abundancia de caudales y la alta impermeabilidad de las grandes extensiones de las cuencas influyen para que se produzcan, aunque históricamente en casi todas el factor común está asociado a un proceso climático, bien debido a las lluvias previas, las precipitaciones acumuladas, las fuertes descargas o el deshielo.

Y aunque no hay terrenos exentos de poder enfrentarse a esta fuerza de la naturaleza, los episodios registrados a lo largo de la historia sí permiten señalan zonas con un «peligro potencial mayor», en todos los casos coincidentes con ríos caudalosos. Así, en la Cuenca del Duero -la principal que discurre por la Comunidad, pues cubre casi el 84 por ciento de los más de 94.000 kilómetros cuadrados de extensión- el tramo más bajo del Pisuerga, el Tormes a su paso por la provincia de Salamanca y el Duero cuando se adentra en las vegas de Tordesillas, Toro y Zamora, sin olvidar su paso por Benavente, suponen esos puntos que históricamente más han sufrido los daños de la fuerza desbocada del agua, llegando a entrar en viviendas, naves industriales y ganaderas.

Y hay también «numerosos» puntos «conflictivos», situados en la mitad norte de la región, de nuevo coincidentes con las subcuencas del Pisuerga y Valderaduey y diferentes tramos del Duero. La zona sur tampoco se escapa. Y aquí son el Tormes y el Águeda (a su paso por Ciudad Rodrigo) en la provincia de Salamanca los «más problemáticos», junto con el Zapardiel entre Ávila y Valladolid, y la confluencia del Adaja, el Eresma y el Cega con el Duero en tierras vallisoletanas.

Falta de regulación

La falta de regulación es la que está detrás de los problemas del Arlanza en Burgos, donde están a punto de acabar las obras y llenado del embalse de Castrovido, con el que se espera poner fin al desbordamiento «de frecuencia casi anual» que sufre.

Estado en el que quedó el puente en el que desaparecieron los dos menores muertos en 1999 tras una tromba de agua en Mediana de Voltoya (Ávila)
Estado en el que quedó el puente en el que desaparecieron los dos menores muertos en 1999 tras una tromba de agua en Mediana de Voltoya (Ávila) - J. R. SAN SEBASTIÁN

Según la Evaluación Preliminar de Riesgo de Inundación en esta cuenca, son algo más de 473 los kilómetros de mas de agua con riesgo de inundación.

También el Bierzo, regado por la cuenca del Sil, sabe lo que son los efectos de los ríos Valcárcel, Burbia, Cuá, Sil, Boeza y Tremor. Y las aguas del Ebro son las que se salen de madre con asiduidad en Miranda (Burgos).

Todos coinciden con los puntos en los que en época de deshielo o fuertes lluvias se producen los problemas y que lleva a afirmar que, «en términos generales», las inundaciones en Castilla y León «pueden ser predichas con cierta antelación y sus efectos esperados», dado que «en su mayoría» están ligadas a episodios meteorológicos. Una predicción que no ha impedido que el agua gane terreno a zonas habitualmente secas, dejando tras de sí un rastro de destrucción y daños económicos, pero desde hace años, afortunadamente sin víctimas mortales.

Hay que remontarse a principios de este siglo. El año 2001 arrancaba sumido en un temporal de nieve y lluvia que complicó especialmente el tráfico, con carreteras cortadas por el manto blanco, las inundaciones y los desprendimientos. Pero la cara más amarga la puso el fallecimiento de un montañero, al parecer congelado, en la Sierra de Gredos (Ávila).

El 2001 fue un año especialmente complicado en la Cuenca del Duero, en la que los desbordamientos se sucedieron hasta julio, con unos meses de febrero y marzo que apenas dieron tregua y en los que se llegó a ver el Pisuerga a su paso por Valladolid desbocado y provocando hasta un centenar de evacuados.

Esta capital, junto con Palencia, están entre las que con frecuencia ven subir el nivel de sus aguas.

Sólo en lo que va de siglo XXI, en la Cuenca del Duero se han contabilizado 80 episodios de inundaciones, en dos ocasiones -ambas en 2001- con víctimas, pero sobre todo con daños a servicios básicos, carreteras, tierras de cultivo y zonas de recreo, además de afectar en ocasiones a instalaciones ganaderas e industriales y viviendas.

Tres muertos

Aunque siglos atrás, las deficientes comunicaciones impedían dar a conocer todos los sucesos, los desbordamientos no son un hecho nuevo. En la Confederación Hidrográfica del Duero se tienen registros de desbordamientos en la cuenca desde 1229. En estos nueve siglos, hay constatados cerca de 300 episodios. En total, con víctimas hay documentados 38, de los cuales 28 desde 1900. En los últimos tiempos, éstos han ido disminuyendo. Dramático fue 1997, con tres siniestros que se llevaron por delante vidas humanas. Y también el arranque de septiembre de 1999, cuando tres personas perdieron la vida por la repentina crecida del arroyo Ciervos a su paso por Mediana de Voltoya (Ávila). Dos niños, de dos años y 14 meses, fallecieron tras ser arrancados de los brazos de su padre, mientras intentaba ponerlos a salvo de la riada. El cuerpo del niño fue encontrado días después a nueve kilómetros. También costó la vida a un hombre de 39 años, que quedó atrapado por el torrente dentro de su vehículo. Pero las muertes son ahora hechos aislados en los frecuentes desbordamientos.