CONEXIÓN LEONESA

TARDÍA E INEFICAZ DIMISIÓN

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HACÍA mucho tiempo que un político leonés no había caído tan bajo en descrédito personal. Francisco Fernández, ex alcalde socialista de León, hasta ayer mismo portavoz de su partido en el Ayuntamiento, miembro del Consejo de Administración de Caja España-Duero y candidato número dos en la lista del PSOE al Congreso, ha aparecido estos días ante la opinión pública como un aprovechado, insolidario y enriquecido político gracias a los privilegios de su posición. Su decisión de solicitar la prejubilación como empleado en excedencia de Caja España, lo que le ha reportado un ingreso de 520.000 euros, a cuya cantidad hay que sumar el sueldo con dedicación exclusiva que venía cobrando del Ayuntamiento de León, ha provocado la condena unánime de la opinión pública, convirtiendo este hecho en noticia negativa a nivel nacional, lo que ha causado el descrédito general de Caja España-Duero, el de la clase política, el del PSOE leonés y el de León. Nunca un asunto tan oscuro había perjudicado tanto a tantos intereses colectivos.

Acosado por el rechazo social y exigido por su propio partido para que tomase una decisión, Fernández ha optado, tras muchas presiones, por abandonar la política activa y dejar todos sus cargos políticos y públicos. Anunció ayer su decisión entre lágrimas y en un arranque de dignidad poco creíble. La decisión llega demasiado tarde. El mal ya está hecho. El PSOE ha quedado muy tocado. El electorado no va a olvidar en las pocas semanas que quedan para el 20N el efecto del escándalo Fernández. Todos tienen claro que, además, ha tratado de enrocarse y resistir hasta al final, pero que su partido le ha exigido su dimisión. No ha dimitido por decisión propia sino por exigencia del partido y se supone que porque se lo ha pedido el mismísimo Zapatero, quien no podría volver a León con la cabeza alta sin la previa dimisión de Fernández.

Y queda pendiente, claro, la solución a la crisis abierta en Caja España, cuyo Consejo de Administración acordaba el jueves estudiar la posibilidad de echar marcha atrás y eliminar la multimillonaria prejubilación de Paco Fernández; una prejubilación que ha sido un agravio comparativo entre los empleados de la Caja y cuyas consecuencias amenazan con dividir el consejo de administración en un momento crucial, en el que la supervivencia de la Caja, de sus cuatro mil empleados y de sus dos millones de clientes, dependen de la fusión/absorción con Unicaja. La Caja, al borde del abismo, debe ahora tomar una decisión ejemplarizante.