Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Siete vidas

«Todas las dudas pasan por si esa capacidad suya para la inmortalidad política a prueba de bombas lo será también a las dentelladas»

Guillermo Garabito
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Silvia Clemente es la que mejor juega a la política de por aquí. La han enterrado tantas veces que más de uno ya sospecha que sea inmortal. Y por treinta y cinco votos de diferencia seguirá siendo inmortal un rato más.

A Clemente le han augurado tantos fracasos que puede que su carrera política consista únicamente en llevar la contraria a sus enemigos. Cuando la legislatura que acaba la pusieron en las Cortes, que es el cementerio de los políticos que tenemos por aquí -como en Madrid tienen el Senado-, nadie contaba con que allí tendría todavía más repercusión que en una consejería.

Porque las Cortes de Castilla y León son el pudridero de los políticos ilustres, la Santa Elena de Napoleónen medio de estos mares de secano donde desterrar a un cargo díscolo. Y cuanto más se empeñaban en hacerla desaparecer, más reaparecía ella en los periódicos y en medio del debate. Mas que adaptarse a los puestos que la han ido cayendo los últimos años, la de Segovia siempre se ha hecho a medida el puesto, cosa poco habitual en una política de conciencias de uniforme. Por eso los responsos funerales que le han escrito algunos periodistas estos días de primarias sólo sirven ya para dar aún mayor bombo a su resurrección política. Ella, que inventó la rueda de prensa bomba, se inmoló y resucitó con puesto nuevo en Ciudadanos. Pero lo difícil de verdad le viene ahora: sobrevivir a los votantes.

Todas las dudas pasan por si esa capacidad suya para la inmortalidad política a prueba de bombas lo será también a las dentelladas. Las primarias de Cs y todo lo que Igea y los medios de comunicación sacaron contra Clemente tiene pinta de que va a ser un juego de niños, algo así como el calentamiento, de cara a mayo. Porque la campaña en esta región, prometen -veladamente todavía-, será una guerra abierta. Porque en el PP ni perdonan ni olvidan. Y desde que el Estado es aconfesional, la otra mejilla que la ponga la madre de quien corresponda.

Suficiente castigo debe parecerle a Mañueco tener un enemigo siempre enfrente que no hace mas que resucitar, como para encima poner la otra mejilla. Algo así como un castigo en la mitología griega. Mañueco como Sísifo.

Silvia Clemente demostró ayer que en política bastan treinta y cinco votos de diferencia para resucitar y acabar en los altares de la candidatura. Y el resto de los partidos ya preparan peregrinación porque en mayo, a buen seguro, habrá que pedirla bendiciones o hacerla presidenta de la Junta de Castilla y León.

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