El comisario Luis Esteban, con su última novela, «Monoloco»
El comisario Luis Esteban, con su última novela, «Monoloco» - EFE

«Salamanca ofrece un escenario idóneo para novelar. Tiene chicha narrativa»

Corrupción y batalla contra las drogas, en la última novela del comisario de Policía Luis Esteban

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Hace dos años y medio que el actual máximo responsable de la Policía Nacional de Salamanca, Luis Esteban, rostro familiar gracias a su paso en 2015 por el veterano programa de Telecinco «Pasapalabra» -ganó el «rosco»- fue trasladado a Algeciras, epicentro del tráfico de drogas en la zona. Allí se encontró con un nivel de narcotráfico y un particular sistema delictivo «que no existía en ninguna otra parte de España ni de Europa». El poso que esa «buena» experiencia le deparó a nivel profesional y aquellas «vivencias» le animaron a escribir una novela, «Moroloco», el apodo de un poderoso narcotraficante que si bien se trata de un personaje «totalmente ficticio» confluyen en él «un compendio de características psicológicas, hábitos, costumbres y una forma de trabajar propia de los más poderosos narcotraficantes de la zona».

«Me pareció que todo aquello que viví era muy ‘novelable’ y entonces me surgió la idea», confiesa este comisario asentado desde hace un tiempo ya en la capital charra y que comenzó a escribir «porque soy un amante de la lectura, y como casi todos los lectores impenitentes te surge la pregunta de si sería capaz de hacer algo parecido a lo que leía». Y no sólo fue capaz, sino «Moroloco» es su cuarta novela.

«Moroloco» (Suma 2019) comparte protagonismo con el comisario Gabriel Zabalza, que recala en Algeciras queriendo alejarse de una tragedia familiar y vuelca su dolor y rabia en la lucha contra el narcotráfico. Luis Esteban juega con los saltos temporales y elige como narrador en primera persona al traficante de droga «porque quería ofrecer una perspectiva directa y además romper uno de los tópicos de la novela negra, que siempre se suele narrar desde la perspectiva del policía». Ocasiona así casi un dilema moral en el lector porque al mostrarle como un personaje cercano a él puede incluso generar hasta «algún tipo de empatía por este perfecto sinvergüenza».

Narcotráfico, inmigración y corrupción confluyen en el libro, consciente el autor de que son algunos de los temas que más preocupan a la sociedad actual y que en este caso concurren todas ellas en una pequeña comarca como es Campo de Gibraltar. Algo que desde que él llegó como comisario a la actualidad ha cambiado gracias a que el Estado «tomó cartas en el asunto, incrementó los recursos humanos y materiales, e hizo alguna que otra reforma legislativa inteligente». Cree Luis Esteban que el punto de inflexión fue que los medios de comunicación pusiesen allí el foco mediático, que hizo «que la ciudadanía visibilizase el problema» y los políticos «intentaran atajarlo», señala el escritor comisario, para quien la lucha contra el narcotráfico «ha experimentado un giro de 180 grados». De esta manera, al igual que la situación cambió hace un tiempo en Galicia, «cuando se pensó que iba a ser incontrolable», más recientemente está ocurriendo en esta zona de Andalucía, lo que no significa que «la batalla esté ganada de forma definitiva porque Campo de Gibraltar está muy cerca del mayor productor mundial de hachís, algunas zonas rondan el 30 por ciento de paro y hay una relación tradicional por parte de algunos sectores marginales con el contrabando».

Otros problemas

Elude pronunciarse sobre si la iniciativa de VOX de construir un muro entre Ceuta y Melilla pararía la inmigración ilegal y reduciría el narcotráfico, y sobre la corrupción política y funcionarial, muy presente también en la novela, considera que en realidad afecta «a menos de un uno por ciento».

Ahora su trabajo como comisario jefe de Salamanca nada tiene que ver con su anterior puesto. Eso sí, advierte, «evidentemente aquí no hay narcotráfico, no hay crimen organizado como lo entiende el grueso de la población, pero sí una serie de actividades delictivas que para los habitantes de la zona son preocupantes». Y pone el foco en los hurtos, cuyo incremento cree que haría mucho daño «en una ciudad de servicios que vive básicamente de las universidades y el turismo». Aunque por el momento no piensa meterse en otra novela, cree que la capital salmantina ofrecería un «escenario idóneo». «Desde el punto de vista urbanístico es la ciudad más bonita de España y tiene encanto y chicha narrativa», asegura.

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