Pilar Tirados es una ceramista de Coladilla, en León
Pilar Tirados es una ceramista de Coladilla, en León - ABC

La revolución silenciosa de la artesanía

La aplicación de las nuevas tecnologías ha cambiado mucho en las últimas décadas a este sector que genera 6.000 empleos y se ve clave para asentar población en el medio rural

H. DÍAZ
VALLADOLIDActualizado:

Recuperan y perpetúan oficios que están a punto de extinguirse y sus productos tienen el valor añadido de que son casi únicos, hechos a medida de las necesidades del comprador. Sea por buscar la exclusividad o porque se está asentando cada vez más en la sociedad una nueva sensibilidad en cuanto al consumo responsable -calidad versus cantidad-, lo cierto es que los artesanos ven su futuro con optimismo. Y ello pese a reconocerse como un sector muy atomizado y que adolece de una normativa favorable, por la que tienen previsto pelear en los próximos cuatro años a nivel regional y estatal.

Mucho han cambiado en las últimas cuatro décadas y en esa transformación lenta y silenciosa parte han tenido que ver las nuevas tecnologías aplicadas, pese a que cierta parte de los artesanos siguen renegando de su utilización. El director del Centro Regional de Artesanía (Cearcal), Félix Sanz, cree que «la artesanía aquí en España tiene una visión social más popular, sobre los oficios tradicionales, algunos perdidos, que están fuera de mercado y además se vinculan mayoritariamente a las ferias de calle», cuando en realidad ésta es «una parte muy pequeña». ¿Entonces como definiría en pleno siglo XXI al artesano? «No renunciados a esa herencia histórico cultural, pero evidentemente los oficios tradicionales cada vez tienen menos relevo generacional y, por lo tanto, menos presencia en el mercado. Lo que ahora se están creando son nuevas profesiones, nuevas formas de producir y herramientas digitales como las impresoras 3D o las fresadoras son fundamentales para nosotros. Es una nueva forma de entender la artesanía que sigue sin ser industrial y seriada y donde la autoría aporta un valor muy importante». Esa visión añade a los clásicos oficios hasta ahora conocidos como artesanos profesionales vinculados al diseño gráfico, la moda, las artes escénicas y audiovisuales... «Gente que procede de las escuelas de arte, de los grados o ciclos superiores, pero también de otras formaciones como las ingenierías o arquitectura».

En Castilla y León, el sector suma la cifra nada desdeñable de 6.000 empleos -150.000 en España-. Alrededor de 7.000 eran antes de la crisis, lo que obliga a Sanz a sacar la conclusión de que es un ámbito que aguanta las embestidas de los vaivenes económicos: «Simplemente por una cuestión de amortización de costes. Normalmente son empresas pequeñas en las que trabajan una o dos personas, no tienen grandes mantenimientos en infraestructuras y disponen de bastante presencia en la internacionalización para buscar nuevos mercados».

Alfarería y cerámica, artes gráficas, instrumentos musicales, joyería, metal, decoración cuero, mobiliario... Cearcal tiene identificadas más de 15 actividades económicas en las que están presentes los oficios artesanos. Añade, además, otros dos datos positivos: una incorporación muy amplia de la mujer y su asentamiento en el medio rural, lo que les permite abaratar gastos, «ya que fundamentalmente comercializan fuera de su entorno más próximo e internet es su principal herramienta».

«Punta de lanza»

Con estos mimbres, y ahora que la lucha contra la despoblación en el medio rural ha entrado de lleno en la agenda política el sector se ve como una «buena punta de lanza» para impulsar la economía y, por ende, llevar habitantes a los pueblos. Así lo cree el burgalés Jacinto Muñoz, propietario de un taller de forja en Cardeña dijo, un pueblo a 16 kilómetros de la capital burgalesa. Llegó a la Sierra de la Demanda en los años 90 tras estudiar diseño en Londres, pero la falta de infraestructuras le obligó a moverse a las cercanías de Burgos. Hoy trabaja por encargos a través de contactos que le llegan por las redes sociales y ferias, que utiliza básicamente para captar una clientela de un «nivel adquisitivo medio-alto».

Jacinto Muñoz trabajando
Jacinto Muñoz trabajando - ABC

Pilar Tirados es una ceramista de Coladilla, en León. Comenzó en la década de los 80 y fue de las primeras en abordar el trabajo como una actividad empresarial más, algo que tampoco es muy común en el sector. Dispone de un taller abierto al público en su pueblo, enclavado en la montaña leonesa, y ahora mismo sólo recurre a ferias en el caso de que baje su clientela. «Podría dar trabajo a más gente pero creo que no valgo para ello. Soy empresaria para mí, pero para nadie más», considera. «Nosotros no competimos con la economía del medio rural sino que aportamos», añade Jacinto.

También lo cree Juan Villa Herrero, un joven artesano asturiano que se asentó en el municipio de Cubillas de Santa Marta (Valladolid) para dedicarse a su sueño: hacer monstruos. Hoy se dedica a realizar el atrezzo de programas de televisión y réplicas para museos -ahora mismo está volcado en un proyecto para Museo Arqueológico Nacional-. Nunca ha dejado de innovar pero dice sentirse «súper cómodo» enmarcado en este ámbito de la artesanía: «Sigo siendo un artesano igual que los que hacían botijos pero ahora yo hago monstruos». Admite que en su sector lo más difícil es adquirir «mente empresarial», aunque hay que hacerlo porque si el negocio no es «mínimamente rentable, se agota a los dos años».

Juan Villa, en el Castillo de Trigueros del Valle
Juan Villa, en el Castillo de Trigueros del Valle - HERAS

Mejores infraestructuras

Él no sólo lo ha hecho rentable -al menos da trabajo a otros dos empleados- sino que además hace poco se enfrascó en otro proyecto: una exposición permanente con su trabajo en el castillo de Trigueros del Valle, en Valladolid, que desde que abrió marcha viento en popa. Por eso no duda en afirmar que «apostar por la artesanía es una manera de reforzar la economía rural», pero urge que las administraciones se pongan las pilas para dotar a los pueblos de mejores infraestructuras e internet, «una asignatura muy pendiente».

Otro ejemplo de lo que el sector puede aportar al medio rural es Artis, el Centro Provincial de Artesanía que la Diputación de Valladolid puso en marcha en 2012 en Portillo: «Cuando nos hicimos cargo de este vivero de empresas nadie apostaba por él. En año y medio llenamos las 13 naves, la Diputación construyó otras dos y tenemos lista de espera», explica Félix Sanz, para quien espacios como éste «pueden ayudar a que se asienten pequeñas empresas en el medio rural».

El vivero de empresa Artis, con lista de espera
El vivero de empresa Artis, con lista de espera - HERAS

Toly Mateos, artista del vidrio, trabaja en este vivero desde hace año y medio. Comenzó en el oficio en 2001 y este emplazamiento le permite «intercambiar conocimientos» con otros artesanos. Toly forma parte de ese todavía reducto que prefiere mirar de lejos las nuevas tecnologías: «Es algo completamente opuesto a la artesanía por definición». Precisamente su atomización y esa forma tan distinta de entender la artesanía es uno de los factores que juegan en contra del sector. «Es un error identificar nuestra producción con lo manual. Innovar, entendiendo como tal la incorporación de nuevos procesos digitales nos permite eliminar muchos costes, ser más productivos y no quita ningún valor añadido de autoría», responde el director de Cearcal. No es la única piedra en el camino para reconocer a estos profesionales como un sector productivo del siglo XXI. Tampoco ayuda el no disponer de Estatuto de los Oficios Artísticos ni de un Impuesto de Actividades Económicas Específico que sí tienen en otros países como en Francia o Alemania, demandas que quieren plantear al nuevo Gobierno: «Antes teníamos un IVA reducido por creación artística y se nos pasó al 21%», se queja Jacinto. También tienen previsto proponer una serie de requerimientos al Ejecutivo regional, entre ellos, la actualización de la normativa que les ampara, que data de los 80 y «tiene una visión vinculada a los oficios tradicionales del siglo XX».

Hace unos años que la Junta movió ficha en favor del sector con la creación de las Zonas de Interés Artesanal, una identificación administrativa que sirvió para dar visibilidad a tres áreas de producción artesanal singular por su historia e innovación, pero no ha tenido un recorrido mayor como le hubiera gustado a Cearcal, aunque admite que muchas de las competencias para que su sector progrese las tiene Europa. Entre ellas, otro de los objetivos que llevan persiguiendo hace años: la declaración en el marco de la artesanía de productos de identidad geográfica. Pese a este largo camino por andar, el sector insiste en verse con mucho futuro. Los años lo dirán.