Caja nido para diferentes tipos de aves insectívoras
Caja nido para diferentes tipos de aves insectívoras - ICAL

Rapaces contra el topillo

Un total de 2.500 cajas nido especialmente para lechuzas y cernícalos ejercen presión y control biológico sobre el roedor al mismo tiempo que se inserta fauna en el medio rural

ICAL
ValladolidActualizado:

Sí, el topillo campa a sus anchas por diversas zonas de Castilla y León, y no, este roedor no fue liberado desde el aire por la Junta u otras administraciones. Mitos y leyendas que hace años que se llevan desmintiendo por parte de asociaciones ecologistas como el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa). Mientras tanto, estos colectivos tratan de concienciar a la población de una lucha efectiva a partir de buenas prácticas y la incorporación de la avifauna a un bando conjunto en contra del topillo campesino.

Tras la negativa del Gobierno regional a la quema de cunetas y a la utilización de venenos, el empleo de aves se ha convertido en una opción factible para el control biológico del roedor. En particular, los cernícalos y las lechuzas son los elegidos para ejercer presión en los campos de la comunidad, dado que ambos cazan, durante los tres meses de la época de cría, en torno a 700 y 900 topillos para cebar a sus pollos. De esta manera, Grefa ha puesto en marcha diversos proyectos de colocación de cajas para este tipo de aves con un total de 2.500 nidos en la región, dado que el reparto se realiza a partir de una media de 100 cajas por cada 1.000 hectáreas. En particular, en Valladolid y en la zona de Tierra de Campos, desde el grupo de rehabilitación han instalado un total de 120 cajas en el municipio de Villalar de los Comuneros, mientras que en la localidad de Rueda se han colocado otras 30 cajas sobre postes, donde las lechuzas (10), los cernícalos (10) y los mochuelos (10) realizan una función depredadora entre los viñedos de Beronia Rueda, del Grupo González Byass.

La relación del predador depende de la cantidad de presa existente, dado que «la lechuza y los cernícalos se reproducen si hay alimento». De hecho, las cajas de Tierra de Campos tuvieron el año pasado «poca ocupación porque no hubo apenas topillos, mientras que este año, la ocupación ronda el 100 por ciento», destaca. Además, estos animales sirven de prevención contra la sobrepoblación del roedor porque «se desplazan a una zona donde habrá plaga con dos o tres meses de antelación, incluso cuando nadie lo percibe», subraya, por lo que se convierten en «uno de los mejores indicadores para detectar el problema». Aun así, Garcés asegura que «están estudiando el comportamiento para que esta población de aves no afecte a otras especies como la perdiz, la codorniz o pequeños pájaros».

Por otro lado, el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat tiene en marcha un proyecto educativo a partir de dos salas, una senda y una casa del pastor sobre la historia y etnografía. De esta manera, a partir del mes de septiembre, «se quiere traer a la comunidad educativa de la provincia de Valladolid a conocer la historia y poner en valor el paisaje cerealista», sin olvidar «el control biológico y la importancia de la diversidad y la fauna en el mundo rural», asegura Fernando Garcés.

En el Centro de Interpretación ubicado en el municipio de Villalar de los Comuneros se acaba con las leyendas del origen de estos invasores, además de proponer alternativas al veneno, porque aquello fue «una barbaridad».

Adaptación y evolución

En dichas salas se explica el origen de este roedor y cómo ha llegado a los niveles actuales, ya que inicialmente se localizaba en los sistemas montañosos, cuyo hábitat natural se concentraban en los prados y la media montaña. A partir de los años 70 del siglo pasado se empezó a implantar el regadío con remolacha y alfalfa, momento en el que comenzó una colonización del topillo década tras década hasta llegar a 2005, año en el que «prácticamente toda Castilla y León estaba ocupada a partir de diferentes corrientes», afirma el secretario general de Grefa.

Esta es la razón por la que «se estudia la genética de los topillos para averiguar las diferentes familias procedentes de diversas vías». Una problemática acrecentada por el cambio agrícola donde cada vez se aran menos parcelas y no se remueve la tierra, por lo que no se destruyen las madrigueras. En este sentido, Fernando Garcés relaciona la siembra directa con la propagación, aunque deja claro que no está en contra de la práctica, dado que resulta beneficiosa «al evitar la erosión del suelo, pero no levanta las uras del animal».