¿Quién de todos la mató?

TEATRO«Llama un inspector»Obra de J.B.Priestley. Versión de Juan Altamira_Dirección: Román Calleja_Intérpretes: José Luis Pellicena, Francisco Valladares, Concha Cuetos, Iván Gisbert, Lola Manzanares

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«Llama un inspector»

Obra de J.B.Priestley. Versión de Juan Altamira_Dirección: Román Calleja_Intérpretes: José Luis Pellicena, Francisco Valladares, Concha Cuetos, Iván Gisbert, Lola Manzanares, Guillermo Muñoz, Isidro Cárceles_Lugar: Teatro Calderón. Valladolid.

JULIA AMEZÚA

En el invierno de 1944-45, John Boynton Priestley (1894-1984), escribe su obra más célebre y representada, desde su estreno en Moscú en 1945. Sirviéndose de la estructura del género policiaco, el autor británico crea en el salón-comedor de una familia burguesa, el espacio inquietante en el que un inspector interroga a los sospechosos de la muerte de una joven.

La historia sucede en la mansión de los Birling, en una tranquila noche de primavera en la que la familia celebra la pedida de mano de la hija por un petulante aristócrata. Los Birling, seguros de que su honradez y ejemplar conducta les permitirá escalar posiciones sociales, reciben la inesperada y abrupta visita de un misterioso inspector, que viene a interrogarles sobre su relación con la muerte de una mujer. La irrupción de este extraordinario personaje rompe la burbuja de autocomplacencia, felicidad y prosperidad en la que todos habitan. La desagradable realidad, que apunta a la responsabilidad individual que todos quieren enterrar, invade el espacio opresivo del salón.

Es magnífico el texto de Priestley que manifiesta ser un agudo escrutador de almas, capaz de desnudarlas y sacar a la luz miserias, falsedades y podredumbre. Además, el británico muestra su dominio para hacer crecer progresivamente la tensión dramática hasta llegar al extraordinario final.

La propuesta escénica presenta una puesta en escena convencional, muy cuidada, con una correcta dirección de Ramón Calleja. La versión del texto respeta, con pequeños cambios, el original. La iluminación es sugerente y está bien utilizada; el vestuario, lujoso y adecuado, y la escenografía resulta bella, con el amplio salón-comedor decorado con detalle.

Hay un buen y cohesionado trabajo del conjunto de actores, algunos con nombres tan conocidos como José Luis Pellicena, contenido y moderado en su papel de inspector; Francisco Valladares, con fuerte presencia y magnífica voz bien modulada y Concha Cuetos, correcta en su papel de fría e hipócrita señora de la alta sociedad. El resto de actores, más jóvenes, a la altura con una interpretación correcta. Teatro lleno y muchos aplausos.