punto de vista

QUIÉN RESPONDE?

luis jaramillo
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LA situación en que se encuentra el ayuntamiento de Trefacio (Zamora) es la demostración palpable de la «alegría» con la que se ha gestionado en muchas instituciones públicas. Que un ayuntamiento con menos de 200 vecinos acumule deudas de 450.000 euros es algo que roza lo intolerable y no puede ser que los responsables del desaguisado se vayan para casa de rositas. Si nos atenemos a los datos que se conocen de la gestión del anterior alcalde del PP —28 años en el cargo— hay múltiples advertencias del Tribunal y del Consejo de Cuentas sobre su gestión presupuestaria, gastos desmedidos en las fiestas del pueblo, años que han transcurrido sin ejercicio presupuestario, etc. El resultado es una gigantesca deuda acumulada y las consecuencias inmediatas: nadie fía y ya se ha cortado la luz al consistorio, un trabajador lleva cinco años sin cobrar y el secretario lo es por horas. Un ayuntamiento en bancarrota que pide soluciones y no palmaditas en la espalda.

El actual alcalde, el socialista Jesús Ramos, protagoniza una marcha a pie hasta Zamora capital para reclamar soluciones para su pueblo. Hasta el momento sólo ha recibido ayuda de la Diputación en forma de asesoría, apoyo moral y posibles mediaciones. Pero con ello no se repone la luz al consistorio y lo que vale son soluciones prácticas para poder restaurar lo antes posible los servicios mínimos imprescindibles y que el ayuntamiento pueda gestionar. En este momento en el que se cuestiona el papel de las instituciones provinciales, la Diputación no puede escurrir el bulto y debe implicarse en ayudar de forma práctica a un pequeño municipio en la ruina ya que lo que está en juego son los servicios que se prestan al colectivo vecinal, que ni siquiera puede obtener los documentos oficiales para un sin fin de trámites ordinarios. El asunto afecta también a los niveles administrativos superiores, que también deben aportar soluciones.

Sin dejar a un lado el desastre de la gestión de los 28 años anteriores y con la petición de las responsabilidades a que hubiera lugar, este asunto vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de aglutinar los servicios de los pequeños municipios, de reducir al máximo los costes y de plantearse si deben mantenerse ayuntamientos para tan pequeños colectivos. La situación de Trefacio ya se ha dado, en menor nivel claro, en otros pequeños municipios y alerta sobre la necesidad de «agarrar el toro por los cuernos» y acometer la necesaria reordenación territorial, porque ya ha llegado el día en el que aunque no haya deudas, hay ayuntamientos que no pueden con su función.

La situación actual es insostenible por cuestiones operativas y por cuestiones económicas, y cada vez más son los hechos que justifican la apertura del proceso de ordenación territorial, para el que cabe pedir el mayor ritmo posible para afrontarla cuanto antes. Para ello hay que poner el acento en los temas de interés general dejando al lado los intereses de partido, porque como en Trefacio, en otros muchos pueblos está en juego su supervivencia ya que las cosas no van a volver a ser como hasta ahora.