La sentencia y la dimisión son comentario obligado en los corrillos de vecinos que se forman en plazas y rincones, como en Lazúrtegui (arriba) o en el consistorio (abajo). Fotos: Fernando Blanco

Ponferrada reparte las culpas

El fallo condenatorio, el primero por acoso sexual contra un alcalde en España, no ha sido fatal para el sentir de los ponferradinos hacia Ismael Álvarez, ya que, aunque conscientes de la necesidad de la dimisión, no le han retirado, aún caído, su apoyo. Además, Ponferrada dicta su propio veredicto: los dos son culpables. El, de una «fama de mujeriego» que le ha pasado factura y Nevenka, de ser víctima de unas aspiraciones tanto personales como en la querella que algunos atribuyen a un «reproche o venganza».

BEATRIZ REVILLA. PONFERRADA
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La fama cuesta y en el caso del alcalde de Ponferrada, la que atesoraba como «mujeriego» resultó especialmente cara y además conllevó una carga política que los socialistas ponferradinos no han dejado escapar y que debió quedar, como todos comparten, en «una cosa entre los dos que tenían que haber resuelto solos». Pero no fue así y el juicio, que los ponferradinos han seguido con celo, se convirtió en la comidilla de España, con polémica incluida por la sustitución del fiscal García Ancos y porque «se ha inflado por el cargo que tiene y la publicidad y el morbo que le han dado en la televisión».

La sangre llegó al río y el desenlace tuvo consecuencias negativas no sólo para la figura personal y profesional de Ismael Álvarez, como para la localidad leonesa de Ponferrada, que pierde al que estima uno de los mejores alcaldes del municipio, como bien ha demostrado la evolución en los dos últimos comicios. Por eso, los ponferradinos, aunque respetuosos con la sentencia condenatoria, dan su propio veredicto y, aunque no absolutorio, sí es más indulgente con Ismael Álvarez, y más duro contra Nevenka Fernández, antigua edil del Ayuntamiento leonés. No se decantan con rotundidad sobre su culpabilidad o inocencia en el acoso, pero sí en torno a la responsabilidad que ambos han tenido en el caso: él por su talante y «fama de mujeriego» y ella por las sospechas y desfogados comentarios que provocó la inmediata relación que entabló con Álvarez tras su llegada al Ayuntamiento. «Le faltó tiempo para marchar con un señor que le doblaba la edad», espetaba el propietario de uno de los bares colindantes al consistorio y que llegó a declarar en el juicio celebrado en el TSJ.

Entre tanto, Ponferrada se guarda el saber de esa fama, «aunque a veces sea más fama que mujeriego», que el ex regidor arrastra «ya desde joven», según aseguraba un anciano, a lo que otro ponferradino anotaba que «además ya le conocíamos cuando le votamos, pero cada uno hace con su vida privada lo que quiera, y, no quiero decir nada para despreciar, pero ella también era muy vista». Quizá sea por la mezcla de estas imágenes que en el pueblo tiene de ambos que aún sobrevuela, tras condena y dimisión, una incredulidad ante el acoso sexual a Nevenka Fernández. «Tiene todas las que quiere, allí en el complejo de Dehesas -el municipio natal de Álvarez-, y si no la hubiera conseguido, pues todavía, pero después de estar con ella podía tener las que quisiera», aseguraba una vecina de la localidad.

Por ello, parte de Ponferrada se sigue aferrando a la esperanza de que el TS devuelva el honor al regidor e, incluso, pide una demostración pública del apoyo municipal. «Soy votante del alcalde y lo seguiré siendo; y lo que quiero es que haya una manifestación que demuestre el apoyo que, como yo, tiene de toda la ciudad», comentaba un ponferradino.

Entre dudas y sospechas

Aunque, por supuesto, no todos son palmadas para Álvarez. El beneficio de la duda y la credibilidad también se le conceden a Nevenka y aquéllos que creen que el alcalde cometió acoso sexual aplauden la decisión de denunciarlo. «Si de verdad lo ha hecho, que lo pague» comentaba una ponferradina. a lo que otra advertía, en contraposición y desde una óptica conservadora, que «si estuvo con él, por qué tuvo que contarlo, era arriesgarse a quedar mal y a que parezca venganza o reproche».

Nadie se atreve a certificar que existiera como tal el acoso, como tampoco quedará sin resolver la interrogante que muchos ponferradinos mantienen sobre Nevenka y sobre la sospecha de sus intenciones que aún hoy tras la sentencia sigue alimentando el pábulo del municipio. Algunos se atreven a asegurar que llegó al consistorio aupada por la amistad que mediaba entre su familia y el teniente de alcalde y ya nombrado alcalde en funciones, Carlos López Riesco, y que en esta posición, aumentaron sus aspiraciones, ahora frustradas, tanto profesionales como personales con el dimitido.

Duras palabras las que el pueblo leonés dirige a los dos protagonistas de un caso, convertido en ocasiones en espectáculo, que no olvidarán los 62.000 vecinos de la localidad. Pero en esta doble culpabilidad que achacan a ambos, los ponferradinos increpan a la ex edil de Hacienda que «hace un año que no aparece por aquí y bien que ha dejado a su madre sola en el juicio y se ha ido a Londres». Hay otros que, además, se muestran perspicaces al respecto y ya esperan un «desembarco a lo grande» de la famiila y de la ex edil en Ponferrada, que precisamente ya anunciaron ayer, para dar fe de una victoria histórica en la jurisprudencia española.

Y es que Ponferrada lleva hoy impresa en muchos de sus rincones el sello de Ismael Álvarez y de una gestión que, al margen del escándalo rosa, ha conseguido el despegue empresarial y urbanístico del municipio. La Universidad del Bierzo, el Polígono Las Llanadas y el proyectado en Cubillos del Sil, la recuperación del Castillo de los Templarios o una profunda reordenación vial han lavado completamente la cara de la localidad, aunque para algunos, como para un estudiante de la nueva facultad pequen en exceso de «una gestión también muy personal».