Esperanza Ortega, ayer en su domicilio durante la entrevista con ABC.F. Heras

«La poesía no debe ser impúdica, sino resaltar lo relevante para el ser humano»

La escritora palentina Esperanza Ortega presenta hoy en la Fundación Santiago y Segundo Montes de Valladolid (20 horas) su último poemario, titulado «Como si fuera una palabra», con el que pretende atrapar la magia de lo cotidiano. Hacía siete año que no presentaba nuevos poemas, desde «Hilo solo», premio Gil de Biedma.

FÉLIX IGLESIASVALLADOLID.
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-Su último poemario se titula «Como si fuera una palabra», ¿por alguna razón?.

-Así se cierra el último verso. Desde luego que la palabra es más que gramática. Para mí es la palabra del amor, de la felicidad, de la amistad, del valor de una caricia. Para los poetas la palabra es nuestro gran amor. Por ello, al mundo hay que tratarlo como a la palabra.

-Pero el mundo cada vez se olvida más de la palabra, y no digamos de la poética.

-No sólo se abandona la palabra, sino que únicamente se aprecia la palabra por su utilidad inmediata. Y en este mundo, la poesía busca más allá, en la memoria, en el misterio, en el interior.

-En este poemario repite palabras como taza, puerta, manos, zapatos. ¿Qué simbolizan?

-Tengo mucha costumbre de escribir en la cocina y en ella hay objetos cotidianos. Como dijo Santa Teresa, la poesía también puede estar entre los pucheros. Y es que en lo cotidiano también está lo extraordinario y yo pretendo trasladar esa cotidianidad a una dimensión diferente.

-Los versos de «Como si fuera una palabra» están limpios de polvo y paja.

-No uso palabras abstractas o grandilocuentes que sólo existen en la mente humana y no en el entorno de cada día. Desde mi último libro han pasado siete años, y es que creo que que la poesía hay que dejarla posar para que se decante. Pero en esa labor siempre hay que estar atenta para aprovechar el momento justo para darle la forma definitiva. Se sabe donde hay poema, pero no el momento de escribirlo.

-En un verso dice «no hemos venido a destapar / sino a guardar secretos en los escondrijos». Sin embargo, me parece que aun sin mostrar sí apunta al lector dónde está el escondite del secreto.

-Vivimos en un mundo muy impúdico, donde la gente no tiene problemas para contar sus intimidades ante las cámaras de televisión, y lo peor es que parece que gusta. Yo creo que la poesía no debe ser impúdica, sino resaltar lo realmente relevante para el ser humano.

-¿Es la poesía la defensora del pudor de la literatura, cada vez más pendiente del mercado?

-Es como esa figura literaria de una niña pobre arrinconada que cada vez que enciende un fósforo se traslada a un mundo mágico.