El Mester, en una de sus actuaciones a los pies del Acueducto de Segovia
El Mester, en una de sus actuaciones a los pies del Acueducto de Segovia - ABC

«Es paradójico que cuestionemos en el siglo XXI una canción de los 80»

Fernando Ortiz Miembro, fundador del Nuevo Mester de Juglaría, grupo segoviano que cumple 50 años sobre los escenarios

ValladolidActualizado:

Los dos llenos absolutos conseguidos hace unas semanas en el Teatro Juan Bravo de Segovia con motivo del inicio de la temporada de su 50 aniversario certifican el buen estado de salud de la mítica banda de folk Nuevo Mester de Juglaría, que quiso comenzar la celebración de la efemérides -pocos grupos pueden presumir de llevar medio siglo en los escenarios- donde más a gusto se encuentran: frente a su público. Sus mejores compañeros de viaje, «muchísima ilusión» por seguir trabajando y bonitos proyectos, como la digitalización de aquellas canciones que la formación, hoy con cinco miembros, recopilaron en los pueblos hace 40 años, y que supone la «memoria» viva de aquellas gentes.

-¿Cómo afronta Nuevo Mester de Juglaría la celebración de su medio siglo de trayectoria?

-Con muchísima ilusión y casi estupor por haber estado 50 años sin haber faltado ninguna temporada a la cita con los escenarios. Es una sensación muy especial.

-¿Qué recuerda de los orígenes de la formación en aquella España preconstitucional?

-Recuerdo una España gris y a un estudiante preuniversitario de 17 años que sabía que algo había pasado en París en 1968 y que, como decía Bob Dylan, las cosas estaban cambiando. Y me acuerdo con especial cariño del nacimiento del grupo, de aquellos primeros años que tuvimos la oportunidad de empezar a cantar y grabar discos.

-¿Fue para ustedes Agapito Marazuela su principal referente?

- Sin duda, porque es segoviano como Nuevo Mester, aunque pronto nos dimos cuenta de que había otros referentes y que teníamos que acudir a otras fuentes. Vimos que la mayoría de la obra de Agapito Marazuela había sido producto de una recopilación directa, de un trabajo de campo, y nosotros, modestamente, también emprendimos la nuestra. Entonces, nos encontramos con la realidad de la España rural en los años 70, pero también con la cordialidad y generosidad de sus gentes, que nos prestaron su memoria en forma de canción y nos permitieron ir creando un repertorio y a la vez darnos conciencia de pertenencia a una comunidad.

-Y en esa toma de conciencia castellana, uno de sus trabajos fundamentales fue el disco «Los Comuneros».

- Sí. Nos encontramos con un texto magnífico de Luis López Álvarez, poeta berciano, que en 1971 publicó en la editorial Cuadernos para el Diálogo el poema «Los Comuneros», que es una especie de gesta, y nosotros le aplicamos entre 40 ó 50 trozos de música para darle una forma unitaria. Esto sí que de verdad nos levantó conciencia y nos permitió tener bien claro lo que queríamos hacer. Desde aquel momento, en 1976, el grupo tuvo claro que tenía una especie de responsabilidad con la música popular castellana.

-Temas que recuperaron como «Molondrón» hoy suenan políticamente incorrectos («Me pego mi padri/Me pego mi guelu/ Por andar de nochi...»).

- Pues sí, pero la historia es políticamente incorrecta, y creo que la gente puede entender que es una canción que tiene 200 años. Estaríamos equivocados si tuviéramos que anular todas las referencias del pasado por prejuicios. Lo que hay que hacer es ser consciente del contexto y de cuándo se cantaba. Si no es así, habría que eliminar buena parte del Romancero, prohibir Don Juan Tenorio... Recientemente se ha montado un tremendo escándalo en Operación Triunfo porque una palabra se consideraba inadecuada. Es paradójico que en el siglo XXI cuestionemos una canción de los 80, justo de una generación como la de la Movida en la que se cimienta la música actual. Creo que son prejuicios bastante peligrosos.

-¿Tiene hoy el espacio que se merece la música folclórica?

-No en los medios públicos ni tampoco en los privados, pero afortunadamente se siguen programando conciertos y son multitudinarios, y, además, aglutinan al menos a tres generaciones, y eso es digno de tener en cuenta.

-¿Qué principales hitos recuerda en estos 50 años?

-Es difícil quedarte con unos pocos, pero si tuviera que elegir sería la presentación del disco «Los Comuneros» bajo la estatua de Juan Bravo en Segovia en 1977 y su repetición cinco días seguidos en el Teatro Monumental de Madrid llenándose hasta arriba, u otros, como representar a España haciendo el pregón de la Feria del Libro de Guadalajara o reunir a 3.000 espectadores en un pueblo de apenas 40 habitantes.

-Ahora que cita el medio rural, éste adolece de un grave problema: la despoblación. ¿Cree que tiene solución?

-La tendría, sí, aunque naturalmente es necesario el apoyo económico de las administraciones. En el siglo XXI no puede haber habitantes que no tengan acceso a internet, o que haya carreteras intransitables. Pero también hay que reconocer el valor del medio rural como auténtico. Hay que vivirlo y saber cuáles son sus carencias. Ahora mismo no hay una visión clara por parte de la Administración de lo que es el medio rural; se utiliza como granero de votos.

-¿Y cree que Nuevo Mester de Juglaría tiene cantera para sucederle?

-No se trata de una sucesión, pero sí que hay cantera, y está funcionando muy bien. Ahora los músicos tienen una formación que no tenían antes y si a ella le sumas el talento el resultado es que están saliendo grupos interesantísimos. En Segovia, por ejemplo, esta Freefolk, que tiene una visión bien clara de lo que hace.

-¿Se ve otros tantos años sobre los escenarios?

-A mi edad prefiero vivir el día a día, pero este 50 aniversario es un punto y seguido. El grupo no se ha planteado dejarlo en absoluto. De hecho, para el año que viene tenemos previsto un gran número de actuaciones y un proyecto de digitalización de todas aquellas canciones que recopilamos en los pueblos de gente mayor, que es su memoria. Queremos ponerlas a disposición de todo el mundo, que pase a una institución o un museo o crear un link en internet para que toda la gente pueda escuchar aquel emocionante testimonio.