corazón de león

PAISAJE NAVIDEÑO TRAS LA BATALLA

León no deja de ser una capital que, por muy gótica que sea, no tiene el ambiente que las hijas de Zapatero exigen

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SON días de paz y amor familiar, así como de melancolías, añoranzas y tristezas; son días éstos de hurgar en el tiempo perdido, el del pasado, el del sabor a magdalenas o mantecadas, por si aparece alguna señal que anuncie una esperanza para el mañana, un mañana que nos es otro que ese 2012 que se avecina entre nubarrones, aunque no tan apocalíptico como el que el calendario maya predice para el próximo diciembre. El aerolito o el meteorito que dentro de un año va a caer sobre la Tierra es una broma si se compara con la que se avecina en el solar patrio, y la que le espera al gallego-leonés Mariano Rajoy tras heredar el poder del vallisoletano-leonés José Luis Rodríguez Zapatero (ya se sabe: si Zapatero presume de su niñez y de su infancia leonesa, lo mismo puede decir Rajoy, pero esto ya está aquí escrito y documentado).

El paisaje navideño de la provincia leonesa tras la batalla electoral no es el de las postales habituales de la época; las nieves no habitan en las cumbres, los lobos no aúllan y el sol luce en todo su tibio esplendor. Zapatero come el turrón en casa, como los entrenadores de fútbol fracasados, y Rajoy lo hace en La Moncloa, como ese nuevo fichaje que los españoles han elegido para levantar el ánimo de la afición y volver a la zona «Champions».

Pues eso, Rajoy en el palacio y Zapatero en su palacete de Somosaguas (Madrid), que es pena, ya que los leoneses le estaban esperando en su chalé de Eras de Renueva (un barrio de León convertido en zona residencial y que últimamente, pese a la crisis, se había revalorizado por aquello de ser vecino de un expresidente del Gobierno). Como buen padre, Zapatero acaba de reconocer que sus hijas son las que mandan en casa y que ellas tienen su vida hecha en Madrid, con sus amigos y sus estudios; o sea, que León no deja de ser una capital de provincia que, por muy gótica que sea, no tiene el ambiente que las niñas (de 18 y 16 años) exigen; lo que no quita para que el ciudadano Zapatero se pasee estos días por León con el cariño de sus antiguos vecinos y camaradas, aunque no falten los reproches de aquellos conciudadanos defraudados por quien decía ser su paisano. La sangre no va a llegar al río, pues los leoneses son, por lo general, gente de bien y educada, y saben, unos y otros, los zapateristas y los que no, que el paisano tiene pinta de ser un buen expresidente y que, pese a los pesares, equívocos o equivocaciones, ha intentado lo mejor para León durante sus años de Gobierno Nacional. Ahora, con Rajoy, en Castilla y León están haciendo sumas sobre los castellano y leoneses en el poder; hay media docena de altos cargos, pero ninguno nacido en León. ¿Y, qué? Un presidente lo debe ser tanto para León como para Zamora o Palencia, por ejemplo. Y Zapatero rozó el nepotismo durante su gobierno, por su afán de «colocar» a familiares, amigos y paisanos del León de su niñez y de su infancia… y ahora de sus Navidades.