El novillero segoviano Rafael Ayuso corta dos orejas

JAVIER LÓPEZ HERNANZ. VALLADOLID
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En la segunda novillada nocturna celebrada la noche del sábado, resultó triunfador el segoviano Rafael Ayuso al cortar las dos orejas del segundo novillo de la noche, perteneciente como todo el encierro a la ganadera salmantina Loreto Charro. Los astados resultaron mansos, especialmente el primero, aunque en general se mostraron manejables. Destacó el tercero. La plaza se cubrió en menos de un cuarto.

Abrió el cuarteto el salmantino Raul Domínguez, que recibió a su enemigo a portagayola, aunque el burel, manso de solemnidad desde su salida, le rehuyó. Debido a la mansedumbre del eral, la faena tuvo que ser realizada en tablas. Labor voluntariosa, de progresión ascendente, ejecutada sobre ambos pitones. Epilogó su labor con manoletinas que precedieron a dos pinchazos y estocada corta. El novillero recibió un aviso y fue recompensado con la vuelta al ruedo. En segundo lugar actuó Rafael Ayuso, natural de San Rafael (Segovia) que también saludó a su enemigo con largas cambiadas, seguidas de una serie de verónicas ejecutadas con cierta enjundia. Un quite de frente por detrás cerró su labor con la capa. Brindó al cielo para después ejecutar tandas sobre ambos pitones de bella factura. A medida que avanzaba la faena, Ayuso se fue acoplando mejor a las nobles embestidas del novillo, aunque al conjunto le faltó reposo y en algunas ocasiones temple. A pesar de lo cual el segoviano dejó constancia de su clase y valor. Los molinetes de rodillas, unido a la buena estocada con la que finiquitó al animal, hizo que el público asistente pidiera las dos orejas que el presidente generosamente concedió.

Jesús Granado, de Villalpando (Zamora), se fue acoplando con la flámula a medida que la faena avanzaba, para al final dibujar pases sobre ambos pitones largos y templados. Atesora valor y cierta estética, si bien es cierto que le tocó el mejor novillo del encierro. De no haber fallado con la espada hubiera conseguido un premio mayor. Dio la vuelta al ruedo.

Cerró el festejo, Jesús González, de Nava del Rey (Valladolid), a quien tocó en suerte un eral mansurrón pero manejable. El novillero puso denuedo y tesón, consiguiendo momentos de brillantez. Se le notó el menos toreado de los cuatro, pero posee el valor y la clase necesaria para ser torero. Falló con la tizona y se le recompensó con la vuelta al ruedo.