Varios alumnos el instituto Pinar de la Rubia (Valladolid) durante un ejercicio de Educación Física
Varios alumnos el instituto Pinar de la Rubia (Valladolid) durante un ejercicio de Educación Física - F. HERAS
Educación

Móvil en la escuela, más enemigo que aliado

Muchos colegios e institutos de Castilla y León prohiben los teléfonos en su entorno, pero existen algunos que, siempre que el profesor lo autorice, los utilizan en momentos puntuales con fines estrictamente académicos

Valladolid Actualizado: Guardar
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Francia dio un primer paso. A partir del próximo curso los teléfonos móviles estarán prohibidos por ley en los colegios e institutos. A raíz de esta decisión saltó el debate: estos aparatos, ¿son enemigos o pueden llegar a ser un aliado para los profesores?, ¿los necesitan los jóvenes para ir al colegio? En Castilla y León la mayoría de los centros lo tiene claro y, aunque no exista una normativa regional ni estatal, como sí plantea hacer el país galo, en su régimen interno está terminantemente vetado su uso. Por supuesto no se permite durante las clases, pero tampoco durante los recreos ni en los pasillos. Sin embargo, hay también quien quiere ver el lado positivo y, siempre que el profesor lo autorice y se avise a los estudiantes con tiempo, lo utilizan en las clases esporádicamente con fines académicos.

Para muchos es un enemigo. Primero porque es un elemento «disruptivo» en el aula y «despista» al alumnado. Pero no sólo eso, sino que fuera de ella, el excesivo uso que hacen de él muchos jóvenes evita que se puedan concentrar en estudiar y a la hora de hacer sus deberes.

Los docentes defienden que no es necesario que los chicos lleven sus teléfonos a los centros porque, si ocurre cualquier incidente, allí disponen de medios para comunicarse con sus familiares. Pero, ¿cuál es la realidad del día a día? Pues que muchos hacen caso omiso a esta recomendación y asisten a clase con el aparato en la mochila.

Teléfonos requisados

Ante esta situación, creciente en los últimos tiempos, muchos colegios e institutos decidieron «blindarse» y el veto a estos dispostivos aparece reflejado en sus reglamentos internos de funcionamiento. En algunos casos, las medidas que se toman son muy contundentes. Un ejemplo es el instituto Federico García Bernalt de Salamanca, que si localiza un teléfono en sus instalaciones, queda requisado hasta diez días, pero, si el alumno es reincidente, la sanción es ya más seria: retirada del aparato hasta final de curso, aunque pueden retirar la tarjeta que llevan en el interior estos dispositivos. De navidad hasta aquí ya se han requisado tres o cuatro aparatos.

Y es que, al parecer, la retirada de los teléfonos es una de las medidas más eficientes en estos casos. Así lo explica el director del centro, Felipe Cuesta, quien reconoce que en casos puntuales sí se han utilizado en el instituto, sobre todo en Bachillerato, para labores pedagógicas. Desconoce si complica o no la educación, pero él es firme: «Actualmente es el mayor elemento de distracción para un niño».

En el Instituto Pinar de La Rubia de Valladolid fue el año pasado cuando decidieron incluir la prohibición en su reglamento, con una excepción: los estudiantes podrán utilizar el móvil cuando el profesor lo autorice para fines docentes y lo avise con tiempo a los jóvenes. Así, en este centro usan los aparatos «puntualmente» en las clases de Música o de Educación Física para fijarse en los errores y corregir posturas de ejercicios acrobáticos y siempre bajo la supervisión del profesor. De sacar el teléfono en una situación diferente a ésta, la respuesta es la retirada del terminal y son los progenitores los que deben acudir a recogerlo.

Cumplir las normas

«Sí hemos requisado algunos, hay alumnos que se niegan a entregarlo», explican desde el centro. «La normativa se lo explica a todos desde el primer día y deben cumplirla», subrayan convencidos de que «educacionalmente» les viene bien saber que existen unas reglas que tienen que acatarse.

En el colegio de Educación Primaria Modesto Lafuente de Palencia también están terminantemente prohibidos en las instalaciones del centro. De hecho, no se permite a sus 170 alumnos llevar los teléfonos móviles y así aparece reflejado en las normas internas. Por el momento, sólo se han requisado dos aparatos, explica su directora, Irene Palomino, porque, por lo general, las normas sí se cumplen.

«Nunca he pensando en usarlos en clase porque tenemos acceso a internet a través de otros dispositivos. Quizá sea más interesante y pertinente para otras etapas como Secundaria», asegura. Además, reconoce, en Primaria hay muchos estudiantes que todavía no tienen móvil.

Lo que todos tienen claro es que el «abuso de la pantalla» dificulta la atención y la concentración de cara al estudio y roba tiempo para otras actividades educativas.