Mikhail Baryshnikov, una historia de talento
ernesto agudo
Artes Escénicas

Mikhail Baryshnikov, una historia de talento

Con su inquietud innata y su curiosidad para experimentar, se ha convertido en una fuerza renovadora de infinidad de disciplinas

new york Actualizado:

En 1966 un joven bailarín ruso se incorporó como solista a la compañía de ballet Kirov, una de las más prestigiosas de la Unión Soviética. Lo hizo saltándose la tradicional etapa de aprendizaje exigida a todos los nuevos miembros. A él no le fue necesaria. Su nombre era Mikhail Baryshnikov y, con tan solo 18 años, era ya el bailarín más prominente de su país. Solo tres años después, ya como «premier danseur noble» de la compañía, Baryshnikov era de los pocos bailarines que podían interpretar coreografías que habían sido creadas expresamente para su exquisita sensibilidad y su portentosa técnica.

La suya es una historia de talento feroz. Con 9 años comenzó a estudiar ballet en Riga. Pero la capital letona -por entonces un territorio bajo el dominio de la Unión Soviética y lugar donde residía su familia- pronto se le quedó pequeña. Había decidido que quería dedicar su vida al baile y allí no podría hacerlo. Con 15 años cambió su ciudad natal por Leningrado, donde se unió a la Academia Vaganova y pasó a estar tutelado por el maestro Alexander Pushkin.

La danza como salvoconducto

Esa fue la primera vez que Baryshnikov, por aquel entonces un chiquillo de pelo rubio y sinceros ojos azules, utilizó su genio para la danza como salvoconducto para migrar a un lugar donde ser más libre y explotar al máximo sus facultades. La siguiente fue en junio de 1974 cuando desertó de la Unión Soviética.

Lo hizo mientras se encontraba de gira en Toronto (Canadá) con el ballet Kirov.

En aquel momento Baryshnikov era ya uno de los nombres más importantes del ballet en el mundo. Hasta tal punto que Clive Barnes, el todopoderoso crítico de danza y teatro del New York Times, confesó que el ruso era el «bailarín más perfecto que había visto». Pero en la URSS se sentía enjaulado. Sobre todo creativamente, ya que el estricto gobierno soviético le impedía interpretar ballets contemporáneos extranjeros. En Canadá consiguió asilo político y no tardó en encontrar una compañía que lo quisiera en sus filas. Aún así, Baryshnikov no se ató las alas y bailó con las compañías que le ofrecieron los papeles más interesantes hasta que decidió trasladarse a Nueva York.

En sus primeros tres años en la Gran Manzana bailó 26 papeles con el American Ballet Theatre (ABT) y 20 con el Ballet de la Ciudad de Nueva York. «Son necesarios energía positiva, talento, trabajo duro y disposición para absorber el máximo posible de la gente con la que trabajas», explicó Baryshnikov sobre esta anómala proeza.

Tras esa exigente etapa, el ruso decidió dar un giro a su carrera al aceptar el puesto de director creativo del ABT. Desde entonces y hasta ahora, Baryshnikov ha compaginado con solemne destreza las facetas de bailarín, director creativo, director de su propia compañía e intérprete de teatro, cine y televisión. Con su inquietud innata y su curiosidad para experimentar con cualquier medio creativo, Baryshnikov se ha convertido en una fuerza renovadora de infinidad de disciplinas.

Hoy, a los 64 años de edad, Baryshnikov no sólo sigue bailando profesionalmente, sino que ha sumado a sus responsabilidades la dirección del Baryshnikov Arts Center (BAC), un centro multidisciplinar que creó en 2005 y en el que hace de mentor y mecenas para decenas de jóvenes que, como él en su momento, destacan notablemente en su campo creativo.