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LOS MENSAJES CONFUSOS

Lo que exigimos a los políticos y a los sindicatos es que el mensaje que nos desean transmitir sea creíble y aplicable

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NOse han hecho esperar las reacciones a ley de reforma laboral por parte de los sindicatos ante lo que ellos llaman un ataque a los derechos de los trabajadores. El fin de semana pasado miles de castellanos y leoneses salieron a la calle para manifestar su discrepancia y desacuerdo ante dicha ley. Es de suponer que las movilizaciones no se limitarán a un acto de domingo, sino que serán más frecuentes y contundentes de cara a ir calentando la primavera.

La palabra más repetida en las pancartas era el monosílabo «No». Un slogan contundente y claro. No queremos esta reforma, lo que extraña es que con tanta claridad no se exprese también las razones de ese rotundo «no». En el momento en el que se piden explicaciones de por qué, el interpelado comienza a decir una serie de obviedades y a repetir lugares comunes que no llevan a una crítica constructiva, sino a una descalificación total de la propuesta del adversario político, tal como se pudo ver y oír en en las manifestaciones en las capitales de provincia. A la vez el gobierno regional está encantado con los resultados del reciente congreso del PP. Se ha logrado más cuota de poder y de participación en órganos de gobierno. Ambos hechos muestran que vivimos tiempos en Castilla y León en los que se impone elaborar mensajes que lleguen a la ciudadanía y les haga comprender qué pretenden transmitirle.

Unos de los principios de una campaña de publicidad política es la conexión necesaria del mensaje con la realidad. El objetivo se frustra cuando los mensajes son elaborados detrás de un escritorio y con palabras que al electorado le suenan a huecas. Esta debilidad es común en la actualidad en todos los partidos políticos. Se llega a desconectar tanto de la realidad, que en lugar de inmunizarse con un slogan, evocan un mal recuerdo. Es lo que pasa con palabras como «corrupción», «paro», «desempleo», «influencia», etc. que hemos oído estos días tanto a los sindicatos, como a representantes de los dos grandes partidos de Castilla y León.

Para evitar estos problemas que provocan los mensajes políticos y, también, la confusión en el receptor del mismo, habría que decirle a los agentes sociales y a los representantes políticos que redacten una página en la que resuman las razones por la cual los ciudadanos deben escuchar lo que se les va a proponer y las soluciones que se plantean. Los votantes no queremos, ni necesitamos, que se nos recuerde que estamos en crisis, que tenemos problemas. Lo que exigimos a nuestros políticos regionales y sindicatos es que el mensaje que nos desean transmitir sea creíble y aplicable directamente por quien lo dice. Hoy día tanto partidos como sindicatos carecen de esa credibilidad. En suma, se trata de tener una buena comunicación con los futuros votantes. Lo que vemos ahora es que los políticos y los sindicatos elaboran sus mensajes y propuestas planteando lo que a ellos les interesa, sin pasarse a pensar si es lo que importa y exigen los ciudadanos.