NIETO

Luis Tudanca: el espectador de la tormenta perfecta

El líder socialista de Castilla y León y candidato a la Presidencia de la Junta opta por un perfil bajo para que los votos (y los pactos) le lluevan al PSCL y pueda gobernar ante la división de la derecha y la izquierda radical

ValladolidActualizado:

Si son muchas las voces que sostienen que el PSOE de Pedro Sánchez tiene poco o nada que ver con la tradición socialista en este país (para mal), a su federación en Castilla y León y a su líder, Luis Tudanca, tampoco la reconoce casi nadie en estas últimas semanas, aunque sea por otros motivos. Lo que ocurre simplemente es que quedan dos meses para las elecciones autonómicas y el escenario que se da en Castilla y León -la fragmentación del voto en la derecha y la falta de unión de la izquierda radical- ha «obligado» al secretario regional y a los suyos a dar un giro estratégico en las formas (del fondo se habla poco) al considerar que es la manera, quizás la única, de conseguir lo que llevan pregonando a voz en grito durante varios meses: que esta vez sí pueden gobernar Castilla y León tras el 26 de mayo, bien sea con un pacto de perdedores o incluso con un triunfo más que inesperado pero que en un contexto tan especial no puede aún darse por descartado del todo.

Salvo el arreón ya habitual en las jornadas previas al Día de la Mujer para capitalizar esta reivindicación y humillar de paso a la derecha, el Partido Socialista de Castilla y León vive en una especie de limbo zen. Atrás han dejado (de momento) el tono agresivo, insultante en muchos casos, que utilizaban día tras día como modo de hacerse notar y de tratar de sacar la cabeza en una región gobernada desde hace tres décadas por el Partido Popular. Los cálculos políticos han cambiado. El partido ha plegado velas, se ha puesto estupendo y se limita a describir y anunciar propuestas con una agenda menos apretada que antes y sin apenas entrar en «charcos» ni en ningún cruce de acusaciones más allá de los exigidos por el guión. Así permanecerán mientras sus analistas consideren rentable la apuesta.

Todo a favor

Tiene sentido. Saben que lo que ocurre a derecha y a izquierda en la región solo puede beneficiarles electoralmente y que cualquier paso equivocado puede hacer variar la «tormenta perfecta» en la que están convencidos encontrarse.

Y es que los vientos soplan, a priori, a favor de los intereses socialistas en Castilla y León. Aunque ninguna encuesta autonómica les sitúa como fuerza ganadora en la Comunidad sí apuntan a una mejora de resultados respecto a los peores de su historia, registrados hace apenas cuatro años. Con todo, la confianza en que sus planes salgan bien se centran en primer lugar en que se cumplan las previsiones que dan la victoria en las elecciones generales a Pedro Sánchez el próximo 28 de abril y que el efecto arrastre de ese resultado les impulse en los comicios autonómicos. El estudio demoscópico publicado este fin de semana por Vocento confirmaría las expectativas de Tudanca, que en la región estaría además muy cerca de los populares en intención de voto para la cita del próximo mes.

El candidato socialista a la Presidencia de la Junta, Luis Tudanca, interviene ante el Comité Autonómico del PSOE de Castilla y León
El candidato socialista a la Presidencia de la Junta, Luis Tudanca, interviene ante el Comité Autonómico del PSOE de Castilla y León - ICAL

Hasta que se desvele la incógnita sobre el nombre del vencedor de las nacionales, el PSCL seguirá en esa balsa de aceite en la que parece levitar desde hace algunas semanas después de meses dando «guerra» por todos los asuntos con «chicha» y protagonizando una especie de inacabable campaña electoral plagada de actos con el estrellato absoluto del burgalés y de un «programa de Gobierno» con el que recorrió (varias veces) la Comunidad.

En «casa», el cambio más evidente en la actitud de la formación socialista se produjo tras la dimisión de la expresidenta del PP, Silvia Clemente, y su intento de convertirse en candidata a presidir la Junta con Ciudadanos. La reacción del PSCL no fue la esperada. Alguna ironía, varias críticas en tono menor y poco más. Vieron una profunda herida abierta en sus, a priori, dos principales rivales y prefirieron, esta vez, dejarla brotar de forma natural en lugar de convertirse en «otro» malo más de una película mediocre. No se cebaron en exceso con la crisis del PP, pero mucho menos «tocaron» a Cs. Ni cuando anunciaron el «fichaje» de la ex de los populares ni cuando se conoció el «pucherazo» y Clemente se quedó finalmente compuesta y sin candidatura.

Del «naranja» al «rojo»

Si el PSCL ya se frotaba las manos con la irrupción de Vox por aquello de que cuanto más se divida el voto de la derecha más se les complicará la tarea de lograr procuradores -cosas de la Ley D’Hont-, a raíz del «caso» de la segoviana ya dan brincos ante la posibilidad de que un buen número de sufragios que tenían un claro color «naranja» puedan pasar al «rojo» como muestra de su cabreo tras el fallido proceso de primarias. Entienden que la gente de Cs que no quería a Clemente tampoco está por la labor de volver al PP y a los de Vox no les quieren ver ni en pintura, por lo que sienten que pueden convertirse en el refugio de los descontentos y no quieren hacer nada que estropee este supuesto.

Pero es que en el lado «siniestro» ocurre casi lo mismo. El «impagable» trabajo de Sánchez radicalizando al PSOE y el no menos «meritorio» de Pablo Iglesias hundiendo a Podemos está consiguiendo que algunos «morados» regresen a la que fue su casa hace algunos años. Este movimiento de filas también puede darse en Castilla y León, donde Tudanca y los suyos recibirían a los «podemitas» con la misma alegría que a los que se fueron con Albert Rivera.

Además, para que todo acabe de ser perfecto, los socialistas «rezan» cada día para que los de Pablo Fernández y José Sarrión (IU) mantengan sus diferencias y se presenten a las autonómicas por separado -al contrario de lo que va a ocurrir a nivel nacional-, lo que también iría muy a su favor por los mismos argumentos que se dan en su flanco derecho.