Ángel Sánchez (Teloncillo), María J. Sánchez (Es.Arte); Tomás Martín (La Quimera) y Esther Pérez (Pie Izquierdo)
Ángel Sánchez (Teloncillo), María J. Sánchez (Es.Arte); Tomás Martín (La Quimera) y Esther Pérez (Pie Izquierdo) - F. HERAS

Junta y compañías de teatro estudian un plan para sacarlas de su «quiebra técnica»

Cultura se compromete a plantear otras «posibilidades» para impulsar al sector mientras éste urge actuar de emergencia

ValladolidActualizado:

Año 1988. Corsario, la emblemática compañía de Teatro de Castilla y León -avalada por importantes premios nacionales como el MAX y el Adolfo Marsillach-, ponía en marcha la que se convertiría en su obra fetiche, «Pasión». Sobre las tablas más de una decena de actores (en total, unas 20 personas) para poner en escena un montaje inspirado en la imaginería castellana. Año 2017. La misma reconocida compañía, ya bastante mermada, consigue sacar adelante su último montaje, «Traidor», la obra más desconocida de José Zorrilla, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Valladolid con motivo del bicentenario del poeta y dramaturgo vallisoletano. Sobre el escenario, apenas seis actores.

Estos números sobre la formación vallisoletana resumen, a modo de ejemplo, la estrepitosa involución que han sufrido las artes escénicas castellano y leonesas en la última década, que si bien percibieron la crisis años después de que se desatara, lejos de remontar como ha ocurrido en otros sectores, se encuentra en «quiebra técnica». «Actualmente, la infraestructura de las compañías se ha reducido tanto a un mantenimiento mínimo que, en realidad, si no fuera por el esfuerzo económico y personal de los que somos socios no se hubiera mantenido», denuncia Tomás Martín Iglesias, de la Quimera de Plástico y nuevo presidente de Artesa (Artes Escénicas Asociadas de Castilla y León), quien añade que muchas de las compañías asociadas «técnicamente no tendríamos que estar»: «Si nos estamos manteniendo es por nuestro patrimonio personal y trabajo incesante. En algunos casos hace tiempo que deberíamos haber desaparecido».

Así se lo han hecho saber a la máxima responsable de la Consejería de Cultura y Turismo, María Josefa García Cirac, con quien algunos representantes de Artesa mantuvieron una reunión la pasada semana. Sobre la mesa, los siguientes números: en 2018 las 17 compañías que forman parte de Artesa han realizado 52 funciones en los 29 espacios que conforman la Red de Teatros y 58 funciones en los 82 puntos de los Circuitos Escénicos, lo que equivale a «una función de media para cada compañía cada dos meses».

Aunque las circunstancias de las compañías castellano y leonesas «nunca han sido óptimas», si hay que marcar un punto de inflexión éste hay que situarlo en 2012: «Entre 2008 y 2011 mantuvimos el tirón porque ya teníamos firmados contratos», expone Luis Miguel García, actor y gerente de Corsario.

Culpables

Programadores, teatros, la Administración, las propias compañías... ¿Quiénes son los culpables de que hayan llegado a esta situación? «Todos», afirma rotundamente el intérprete de Corsario: «Por una parte, las compañías pensaban que nos iban a mantener las ayudas y no fue así, y tan mal se puso que empezamos a perder gente que no podíamos sujetar, y luego se terminó nuestra capacidad de producir».

Recuerdan desde Artesa que mientras hace una década contaban con cerca de 600.000 euros en ayudas para desempeñar su labor (producción, formación, gestión, giras...), este año la cantidad es de 390.000, pese a registrar un incremento de 30.000 euros respecto a 2017.

Martín Iglesias reconoce que aunque ayuda, no todo su problema viene derivado del recorte de las inversiones: «Hay toda una serie de elementos estructurales que nos perjudican». Entre ellos, no disponer de una producción propia de televisión ni necesidad de doblajes, tener demasiado cerca Madrid, que no haya una producción de cine y, además, el idioma: «Mientras que en otras regiones como Cataluña, Comunidad Valenciana, País Vasco y Galicia ha jugado a su favor, aquí, pese a que el castellano lo hablan más de 500 millones de habitantes, nunca lo hemos tenido como aliado». Así las cosas, la crisis y medidas como la subida del IVA cultural no hicieron más que pronunciar su mal estado.

Innovación

Las compañías niegan rotundamente que quieran vivir de las subvenciones pero alegan a su favor: «Hay cosas que no puedes sostener sin dinero público, ¿qué pasaría si la educación dependiese de lo que pagasen las familias?», exclama Esther Prieto, directora de la compañía Pie Izquierdo, que añade que el problema es la escasa valoración que se tiene de su trabajo: «El tipo de teatro que hacemos nosotros no tiene nada que ver con el ocio y no se podría mantener sin subvenciones. No tenemos beneficios salvo la rentabilidad social». Además, Tomás Martín añade otro problema: «El teatro comercial ha ido penetrando en los circuitos públicos porque interesaba y también nos ha repercutido».

Tampoco admiten que su problema venga de una falta de innovación en sus montajes, como a veces les critican: «Me acuerdo que hicimos un musical con actores, vestuario y texto de Castilla y León que recorrió muchos puntos de España y que aquí prácticamente no se vio. Para musical ya traemos uno de Madrid, nos decían», añade María José Gómez, de Es.Arte. Luis Miguel está de acuerdo en que si todos están por la labor de seguir adelante -y lo están-, la clave está en innovar y «pensar» determinados espectáculos. Le tocó hacerlo hace unos años a Teloncillo, compañía vallisoletana especializada ahora en el teatro para bebés: «A nosotros nos ha salvado», apunta Ángel Sánchez, quien recuerda que fue un amigo suyo, el autor teatral Luis Matilla, quien les recomendó diversificarse ante los tiempos difíciles».

Con todos estos problemas se presentó la nueva dirección de Artesa ante la Consejería, en la que vieron un cambio de actitud respecto a encuentros anteriores, apunta el director y productor de La Quimera de Plástico. Su primera sorpresa, apunta Tomás Martín, es que reconocían la situación en la que se encontraban. Sobre la mesa de la consejera dejaron varias propuestas, la más urgente, la puesta en marcha de un plan de emergencia para ayudarles a salir de este «difícil» momento. Asimismo, hablaron de una vuelta de tuerca a la red de teatros para no dejar la programación de artes escénicas en manos de los ayuntamientos, la recuperación de las subvenciones a nivel de 2008 y mayores sinergias entre Cultura y Educación: «La consejera nos convocó a una reunión inmediata entre ella, la Dirección General de Promoción Cultural y Educación para intentar aunar un presupuesto de cara a la programación y las campañas escolares». Además, Artesa planteó a la Junta la posibilidad de estar presente como asociación en el Festival de Teatro de Ciudad Rodrigo y ganar peso en Fàcyl,

No será el único encuentro que mantengan en las próximas fechas. La directora general de Políticas Culturales, Mar Sancho, señala a este periódico que actualmente se encuentran valorando las propuestas planteadas desde esta agrupación y en las próximas reuniones se irán avanzando. Defiende que el trabajo con las artes escénicas siempre ha sido de «diálogo», pero reconoce la necesidad de seguir poniendo en marcha desde la Junta medidas que ya existen y plantear «otras posibilidades de impulso al sector». No obstante, recuerda que el sumatorio del presupuesto destinado a las artes escénicas supera los 8 millones de euros y que actualmente la presencia de compañías de Castilla y León en el programa de circuitos escénicos supera el 80%, además de haberles hecho un hueco en espacios como el Miguel Delibes. Sancho considera que, al igual que en otros sectores económicos, la crisis ha obligado a las artes escénicas a reinventarse, pero al final «el protagonista definitivo es el público, que tiene que ir al teatro».

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