José Luis Martín

Resistir y ganar

«Pese a que Mañueco nunca contó con el apoyo del Gobierno de Herrera y tuvo que sortear muchos obstáculos, siempre pidió a los suyos «calma»

José Luis Martín
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Si en algo se parecen Alfonso Fernández Mañueco, nuevo presidente de Castilla y León, y Pedro Sánchez, avezado aspirante a acabar hasta con la paciencia del Santo Job y del conjunto de españoles, incluidos los de su partido, en su inamovible propósito de renovar como presidente del Gobierno, es que el primero también podría firmar, e incluso escribir, su propio «Manual de resistencia». Semanas, meses, incluso años lleva sufriendo el PP de Mañueco hasta que ha podido ver investido como presidente de la Junta a su candidato. Los que han sido sus compañeros en esta larga travesía, que arrancó oficialmente con las primarias regionales en abril de 2017, no las tenían todas consigo hasta que el pasado martes escucharon a Francisco Igea (Cs) levantarse de su escaño en las Cortes regionales, coger el micrófono y pronunciar un rotundo «sí» a la investidura del salmantino. Y ése era tan solo el último escollo de una interminable carrera de obstáculos. A pesar de ello, en todo este tiempo la palabra que más ha reiterado Mañueco a los suyos es «caaaaalma».

Y es que al que hoy es ya presidente autonómico la vida política no se lo ha puesto nada fácil. Ha sufrido lo suyo y nunca ha tenido nada seguro, pero su forma de relativizar los acontecimientos, su tranquilidad ante la adversidad y su manejo de los tiempos, al más puro estilo Rajoy, le han terminado colocando donde ansiaba. Precipitarse en política nunca sale bien y si no que se lo digan a Silvia Clemente.

El conjunto de su partido, y dentro de él un reducido núcleo de fieles colaboradores, han sido sus grandes e indispensables apoyos para llegar al Colegio de la Asunción. Desde el principio De la Hoz, Carriedo, Lacalle, Vázquez, Ibáñez, Viñarás y a última hora Carnero, entre otros, han apostado fuertemente por él y han sido sus firmes asideras en los tiempos tormentosos que ha tenido que superar. Por todos es sabido que nunca tuvo el respaldo del anterior Gobierno regional, ni mucho menos de su ya expresidente, Juan Vicente Herrera, y de su entonces vicepresidente, José Antonio de Santiago-Juárez.

Herrera, consciente desde hace tiempo de que Mañueco aspiraba a convertirse en su sucesor natural, decidió ir apostando por otros nombres con el claro objetivo de evitar que diera el paso (desde el propio Pablo Casado, entonces un desconocido joven con gran potencial, a la malograda Rosa Valdeón, hasta llegar Antonio Silván...). Y todo ello a pesar de que en Génova la apuesta siempre fue Mañueco.

Durante años, el que era ni más ni menos que el secretario regional del PP tuvo que trabajar agazapado, sin apenas salir de la sede de María de Molina, no fuera a ser que desde la Junta se molestaran porque la voz del PP ocupara algún tipo de espacio en los medios de comunicación, por muy mínimo que éste fuera. Mañueco obedeció, y optó por una discreta aunque muy intensa labor en el partido.

A pesar de «recibir» por todos los frentes (mediáticos, políticos e institucionales), como número 2 del PP, atendía a los alcaldes, visitaba las comarcas, organizaba actos de partido en las provincias... Lo hacía absolutamente todo, aunque fuera casi sin luz ni taquígrafos. De este modo, Herrera sin quererlo, pero de forma inevitable ante su evidente ausencia en el partido, le estaba regalando todo el poder en el PP. Algo clave, algunos años después, para el desenlace de las decisivas primarias regionales, donde votaban los afiliados y en las que Mañueco ganó por goleada a Silván, el candidato «institucional». Muchas han sido las iniciativas, leyes y planes que, sobre todo desde la Consejería de la Presidencia, se llevaron a cabo durante esos años sin escuchar al partido. Y lo que es peor, incluso sin preguntar. La Ordenación del Territorio, la ley estrella de la pasada legislatura, es la más clara, pero fue justo por ese motivo y en aquel momento, cuando la paciencia de muchos dirigentes provinciales del PP se colmó, empezando a evidenciar el tremendo distanciamiento entre el partido y la Junta, que en esta Comunidad nunca fueron lo mismo por raro que pueda parecer. Buena parte del PP se revolvió y se negó a apoyarla, lo que provocó que haya terminado quedando en un cajón y sin visos de recuperarse en esta nueva etapa, al menos tal y como está planteada.

Pero Mañueco nunca dio un paso en falso y jamás arremetió públicamente contra Herrera y los suyos. Pese a que desde el Colegio de la Asunción no se contaba con él, es muy destacable que siempre fuera leal a su presidente. Los dos breves párrafos que dedicó a Herrera en su investidura son el homenaje, -quizá demasiado calculado y frío- que no olvidó hacer a su antecesor. Para olvidar, alguna que otra oscura maniobra parlamentaria que en algún momento se intentó llevar a cabo desde las Cortes con el fin de vetarle como posible candidato a la Junta, algo que fue frenado en seco por la expresidenta Silvia Clemente, afín entonces a Mañueco.

Además de su reducido núcleo duro, el que primero fuera consejero en la etapa inicial de Herrera, y luego alcalde Salamanca durante casi dos legislaturas, también contaba con el apoyo de Rajoy y Cospedal. Sin embargo, las primarias nacionales, donde Mañueco quiso mantenerse neutral, pero apoyando en silencio a Soraya Sáenz de Santamaría, acabaron convirtiéndose en otro de los handicaps que tuvo que sortear y que aún hoy le sigue generando fuertes tensiones. Muchos afiliados no entendieron por qué desde la dirección regional se apoyaba a alguien que consideraban ajena al aparato, en lugar de a un hombre de partido, por poca experiencia que éste tuviera en la gestión. La afinidad entre Mañueco y Fernando Martínez Maillo tuvo mucho que ver.

Aún quedan rastros de aquella grieta que impide un ensamblaje total entre él y Casado, como se ha demostrado en los últimos meses durante la elección de candidatos municipales, y en la larga y ardua negociación del pacto de gobierno PP-Cs, donde Génova ha metido mano en exceso, ya sea por falta de confianza... o por venganza.

Con todo, las tensiones entre Igea y Mañueco, los continuos desprecios públicos del primero, y sobre todo sus constantes guiños al PSOE a lo largo de esa negociación, tampoco lograron poner excesivamente nervioso al nuevo presidente, consciente de que va a ser una legislatura tensa y difícil. Y no sólo porque desde el PSCL se intentará fracturar ese pacto día tras día.

Nunca dudó de que llegaría a ser el presidente de Castilla y León, aunque no se esperaba el mal resultado, ni mucho menos que el PSOE ganara las elecciones tras 32 años de gobiernos populares por seis escaños. Fue otro duro golpe moral, que sin embargo le hizo volver a levantarse y, lo que es más difícil, animar a los suyos, a los que seguía pidiendo «calma».

Quizá por ello, por ser un sufridor de la política o porque sabe lo difícil que es llegar a donde ya está, al séptimo presidente de la Comunidad no se le debería subir el poder a la cabeza. Puede que si logra poner en valor lo aprendido en ese largo peregrinar, que bien podría ser el argumento completo de su particular «Manual de resistencia», también consiga sobrevivir a su propio gobierno y a la compleja etapa política que se le avecina.

JOSÉ LUIS MARTÍNJOSÉ LUIS MARTÍN