Los fotógrafos Bleda y Rosa ante las obras de «Origen», en la sala de la Fundación Cerezales
Los fotógrafos Bleda y Rosa ante las obras de «Origen», en la sala de la Fundación Cerezales - FCAYC

Imagen y tiempo

Bleda y Rosa reunen en la exposición «Origen» de la Fundación Cerezales una colección de imágenes sobre los lugares donde se han hallado los inicios de la humanidad

BRUNO MARCOS
LEÓNActualizado:

La producción de imágenes tuvo, desde la invención de la fotografía a principios del siglo XIX, el deseo de detener el tiempo, de fijar lo que iba a desaparecer; imagen y tiempo quedaron así ligados al uso del retrato. Las fotografías recogieron los momentos más señalados y emotivos de las vidas una generación tras otra, así como los hechos históricos.

Todas las cosas hubieron de ser retratadas y pasaron luego al archivo general del tiempo, que serviría más tarde como instrumento en la reconstrucción del pasado. Para misión tan grande la fotografía debió ser capaz de extraer la esencia de las épocas, ser testigo documental pero además resumen de lo acontecido, para lo cual haría concurrir también valores simbólicos.

Las obras de Bleda y Rosa, que se pueden ver en la sede de la Fundación Cerezales de León (en Cerezales del Condado) hasta el 18 de noviembre, nos plantean una paradoja sobre la propia imagen ya que no cumplen este deseo de detener el tiempo, no retienen los recuerdos ni los acontecimientos históricos, ni captan el espíritu de la época. Se trata de paisajes fotografiados que aparecen desprovistos de anécdota. Lo que llama la atención en ellos es que apenas hay nada, ausencia aparente de tema. Son sus obras todo lo contrario a lo que esperamos de una imagen. Hay una suspensión narrativa, un silencio impropio de las fotografías, hasta que encontramos la leyenda, un texto que no es un título sino algo más, unas palabras incrustadas en la parte inferior de la imagen, un pie de foto que es parte de la obra, el auténtico punctum, la punzada en la sensibilidad del espectador, que en este caso está fuera de la representación: «Homo antecessor, Cráneo de Gibraltar, Homo habilis, Niño de Taung, Mrs. Ples, George, Eurydice, Hombre de Pacitan, Cráneo de Modjokerto, Lucy, Homo sapiens…».

Todas estas imágenes cobran así una dimensión que no tenían a primera vista, son el escenario actual de algo histórico, algo que se colmata con el prestigio de grandes masas de tiempo. Lo histórico es un pie de foto al silencioso presente.

De hecho en esta serie de treinta y una fotografías de gran formato, en las que se ven los lugares donde han aparecido restos de los primeros homínidos, se da el paradigma metodológico de esta pareja de autores, el yacimiento es sin lugar a dudas un sitio donde parecía no haber nada. Desde el punto de vista de la semiología ese lugar sin tema, abierto a la polisemia, a la variedad de lecturas, ese paisaje del presente, es definido por el texto incrustado que cumple a la perfección la función de «relevo» de la que hablara Roland Barthes.

No estamos ante lo que creemos en un primer momento cuando visitamos la exposición de Bleda y Rosa; creemos ver imágenes veraces de un determinado paisaje porque han sido tomadas con una cámara fotográfica y han sido capturadas de la realidad, pero lo que se nos presenta en realidad es algo que no está ahí, ni en la fotografía ni en el campo.