Ignacio Miranda - Por mi vereda

Románico abierto

«No deja de ser lamentable que en la tierra con mayor patrimonio histórico y artístico de España padezcamos tamañas limitaciones»

Ignacio Miranda
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Mientras asumimos en nuestro zaherido amor propio regional el alcance de la «marotada», esa burda maniobra del desquiciado PP para colocar como senador por esta Comunidad Autónoma a un político profesional alavés de perfil triste, que andará documentándose ahora sobre la plaga de topillos y la existencia de tularemia, nos enteramos de una encomiable reivindicación emprendida en Palencia para poner en valor nuestro patrimonio monumental. Cristina Párbole, joven historiadora, impulsa en las redes sociales la campaña «Por un románico abierto», que pretende sensibilizar a las administraciones y a la diócesis sobre la necesidad de ampliar los horarios de apertura de los templos de este estilo arquitectónico, que representa una seña de identidad de la provincia. Así, cientos de visitantes tendrán más fácil el acceso a su interior para disfrutar de su diseño, fábrica y sillares.

La crítica proviene del recorte de días visitables de algunos monumentos, que concretamente durante el presente estío abarca del 20 de julio al 31 de agosto, es decir, casi dos meses menos de duración que hace años. En opinión de la historiadora, resulta paradójico que tanto la Junta de Castilla como el Obispado promocionen el románico palentino como primer núcleo mundial pero luego, sobre el terreno, acceder a iglesias y ermitas sea cada vez más complicado. Y ahí reconoce la impagable labor de los custodios, esos «ángeles» habitualmente mayores que en su localidad enseñan el templo de forma voluntaria, gratis et amore. Por ello, propone contar con guías que pueden encontrar un puesto de trabajo. Para hacer del románico un recurso cultural y turístico real, no sólo sobre el papel.

No deja de ser lamentable que en la tierra con mayor patrimonio histórico y artístico de España padezcamos tamañas limitaciones. Evidentemente, no se trata de pedir que la parroquia de San Salvador de Cantamuda y otras joyas semejantes tengan los horarios de la Macarena o el Pilar, que por algo son basílicas. Pero sí que se arbitre un sistema para que, a quienes hacen muchos kilómetros con tal de contemplar una bóveda de cañón, unos capiteles y una arquivolta, no se les dé con la puerta en las narices. ¡Qué menos!

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