En el bar El niño perdido, de la calle Esgueva, seguían horas después limpiado el agua, au subió casi un metro
En el bar El niño perdido, de la calle Esgueva, seguían horas después limpiado el agua, au subió casi un metro - F. HERAS

Tormenta en Valladolid«Era horroroso. Todo estaba flotando»

Valladolid recupera la normalidad tras una tormenta «récord» que ha dejado desperfectos localizados en bajos, locales comerciales y garajes de distintos puntos de la ciudad

Isabel Jimeno
VALLADOLIDActualizado:

Fregonas que ya no podían más, cubos y más cubos, bombas de achique, cartones, toallas y mantas para empapar... Es el paisaje que se repetía este miércoles por la mañana en numerosos locales comerciales de Valladolid, con unos propietarios afanados en volver a la normalidad cuanto antes después de la tromba de agua que a primera hora de la noche del martes convirtió en ríos numerosas calles de la capital del Pisuerga. El pavimento apenas mojado y el sol que se abría hueco entre las escasas nubes hacían difícil imaginar lo que los coletazos de la Dana habían descargado sobre la ciudad.

«Nadie me paga el disgusto que tengo», señala Virtudes, quien por la mañana había vuelto abrir su negocio en la céntrica calle Platerías –de nuevo una de las más perjudicadas– después de haber estado hasta las dos de la mañana achicando el medio metro agua acumulado en el interior y con prendas aún mojadas en el escaparate. «¡Pero no puedo cerrar!», exclama quien ha visto inundarse tres veces su tienda. Reclama «soluciones a quien corresponda, pues la opción no es cerrar», consciente de que «trombas vamos a tener».

Restos de agua, barro y hojas en un portal del Paseo de Zorrilla
Restos de agua, barro y hojas en un portal del Paseo de Zorrilla - ABC

La de este martes al caer la noche fue de «récord histórico en intensidad de precipitación», según reconoció la Aemet (Agencia Estatal de Meteorología). Los 20,2 litros por metro cuadrado descargados en diez minutos dejan cortos los 18,1 anotados el 17 de julio de 1999. En media hora se rozaron los 33 y en dos horas y 25 minutos se recogieron 37,2. Y no fue la mayor cantidad acumulada en Castilla y León: en Gotarredura (Ávila), 44,2.

Las calles comenzaron a convertirse en ríos, con zonas cual piscinas, alcantarillado escupiendo más agua del que asumía y bajos, sótanos y garajes anegados. Alguna calle tuvo que cortarse al tráfico, además de los túneles que con cada tromba quedan intransitables y en los que un vehículo se quedó atrapado. También en alguna vía, el agua paró los vehículos y sus conductores tuvieron que abandonarlos allí. «Hoy la ciudad funciona con normalidad», destacó el alcalde, Óscar Puente, sobre esa tromba «imposible» de asumir por la red alcantarillado.

No escapó a los efectos de la tormenta el remodelado aparcamiento de la Plaza Mayor. Allí tenía su coche Nela. Lo sacó con «miedo», y cuando llegó a su establecimiento de belleza en Platerías, el panorama era «horroroso». «Todo estaba flotando». Muebles, rodapies, pintura, el boquitín, puertas... tienen desperfectos, algunas máquinas aún no sabía si podrían estar dañadas y otras estaban inservibles. Hasta media mañana había cancelado todas las citas, pero, «no me puedo permitir el lujo de dejar de trabajar. ¡Cuesta mucho un negocio!», advierte mientras intenta hacer memoria de dónde tiene las facturas para reclamar otra vez al seguro.

Sin luz ni ascensor

Vestidos largos calados, alpargatas que no caben más de agua, la tarima levantada, muebles antiguos en los que se nota el daño, las cajas del almacén empapadas... Es el panorama que «con impotencia» veía Raquel Castaño, otra de las comerciantes de esta céntrica calle que no se atrevía a calcular los daños y su afán era limpiarlo todo y atender a los clientes. «Barrer, fregar...» es lo que podía hacer, señala resoplando. «Ya no es lo que cueste, es el esfuerzo y la mala leche que te entra», dice, consciente de que comparado con los efectos de la gota fría en el Levante español, lo de Valladolid no ha sido para tanto.

Falso techo desprendido por las filtraciones de agua en las Cortes de Castilla y León
Falso techo desprendido por las filtraciones de agua en las Cortes de Castilla y León - F. HERAS

Sin luz se quedó Maritxu, que no pudo ni cobrar a una clienta. Con velas se iluminaba Ana María, que no podía ni hacer cálculos de lo afectado. «¡No vemos!», lamenta, consciente de que a las pérdidas por el agua tienen que añadir la falta de clientela en ese ambiente en tinieblas.

Con resignación, en el bar El niño perdido, de la calle Esgueva –donde el río también pasa bajo el asfalto– seguían por la mañana limpiando, después de pasar toda la noche sacando agua una vez que la tormenta arreció. Muebles flotando, cámaras frigoríficas apagadas, sofás inservibles... Hasta un metro de altura vio Ricardo que ascendía el agua, así que él se tuvo que subir donde pilló. Estaba dentro cuando comenzó. «No podemos abrir ni hoy ni en unos días», lamenta. Ya hace nueve años, recuerda, estuvo en una situación similar, «pero no tanto». Enfrente, hasta los contenedores soterrados se cargaron más allá de sus posibilidades de líquido.

En un hotel cercano, ni siquiera el montacargas de los coches funciona, por lo que los vehículos de los clientes se quedaron dentro. Es uno de los daños en el establecimiento, en el que vieron cómo el agua comenzó a salir por una de las tazas del wáter, señala Gladis, en la recepción del Nexos y vecina de Parquesol, barrio alejado del centro y que también sufrió los daños. Bodegas, garajes y el interior de algunas viviendas se llenaron de agua por los baños. La historia que se repite desde hace doce años cada vez que llueve con intensidad, denuncia.

Colegios y edificios oficiales

Tampoco se libraron los portales. En uno cayó hasta el tercer sótano y técnicos de ascensores y fontaneros tuvieron trabajo extra para eliminar el líquido de los huecos de los elevadores y ponerlos de nuevo marcha. También el río en el que se transformó el paseo de Zorrilla, agua, acompañada de barro y hojas, se coló más allá de las puertas. La suciedad acumulada en las alcantarillas, denuncian, complicó aún más la situación. «Te lleva los demonios», lamenta Pilar, quien también en cuento vio los vídeos que circulaban con el agua haciendo incluso olas acudió a su local.

Máquina de un local de belleza en la calle Platerías cubierta de agua
Máquina de un local de belleza en la calle Platerías cubierta de agua - ABC

En el Centro Cultural Miguel Delibes la cubierta volvió a fallar y por ella se filtró el agua a chorros, afectando a suelo, sillas, sillones... La Consejería de Cultura está «estudiando medidas» para evitarlo. Y en las Cortes se desprendió parte del falso techo. Cinco colegios y dos institutos de la capital y la provincia se vieron afectados, pero las clases se desarrollaron «con normalidad».

Mil cubos de agua sacaron en algún comercio, cuentan. La parte positiva, la «solidaridad» en esa cadena humana que se volcó desde por la noche en achicar agua.