Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Vender la moto

Maroto, estrella apagada del PP, ayer era vasco y ahora es castellano y leónes. Con ocho apellidos

Guillermo Garabito
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Para encontrar trabajo en esta España precaria la mejor época es el verano. Y Maroto, que no quiere ser camarero, resulta que va a ser senador por designación autonómica… de Castilla y León. Que también es una forma de hacer descender la lista del paro, todo es buscarle pegas. Maroto, estrella apagada del PP, ayer era vasco y ahora es castellano y leonés. Con ocho apellidos.

Qué fácil es censarse en Segovia, capital de provincia. Qué poca sensibilidad -ya puestos a no vivir-, al menos que se hubiera censado en La Mudarra, que nos hacen falta habitantes. O en Zarzalejos de Allí. Qué poca solidaridad con la España vacía, con este problema tan nuestro del que parece que no sabe nada, pero bien que quiere ser senador autonómico por Castilla y León. Los problemas de esta tierra ya para cuando esté cobrando el sueldo. ¡Ay Génova! Si supieran el ridículo que hacen en la calle… A la gente estas decisiones de los partidos les hace votar a Podemos, a Vox, hacerse vegetariano. Y mientras, García Egea comparándose con Steve Jobs.

Aunque, si el lector lo piensa bien, Casado puede que en el fondo sea todo un visionario. Maroto es el personaje idóneo para defender los intereses de nuestra región. Un tipo que se ha quedado sin trabajo de lo suyo -que nadie supo nunca exactamente cuál era más allá de pulular por varios puestos en la ‘empresa’-, y como en su ciudad no se lo pueden dar, no le ha quedado más remedio que irse a Madrid. El mismo drama. Se va al Senado, sí, pero eso ya es ir al detalle.

Dejar el poder es traumático: que se lo digan a Tomas Burgos que se fue a Sevilla a por la silla. Malditos refranes populares, que resulta que ahora son al revés. La posmodernidad era esto. Mi padre recitando al enterarse que «nos venden la moto». No, nos venden la moto y a Maroto por el mismo precio, que es un sueldo en el Senado.

Maroto, paracaidista sin paracaídas. Quién le iba a decir a Fátima Báñez que aquello que acuñó de la «movilidad exterior», en vez de a los jóvenes talentos que emigran, con los pésimos resultados de abril se lo empiezan a aplicar los propios cargos del PP. Y uno hoy es vasco y mañana es castellano y leonés. Como Treviño, pero al revés.

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