Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Operación bikini

«Los partidos con primarias se convierten en un guerracivilismo de manual donde una vez ha concluido la guerra queda todavía la ardua tarea de purgar a los que se equivocaron de bando»

Guillermo Garabito
Actualizado:

Si a mí después de que el partido me pida ser presidente de la Diputacion, me den los votos y quieran los diputados, me mandan a la retaguardia, la caja B de Barcenas iba a ser para todos los públicos. Pero por eso no soy político. Siendo columnista uno puede ser más rencoroso. Los rencores han dado columnas gloriosas, porque un escritor inspirado por un cabreo es potencialmente un genio.

Pero en política es otra historia. Un político cabreado el único sitio donde puede estar es en su casa. Incluso Pablo Iglesias, que era el hombre perpetuamente enfadado de la política nacional, a este paso acabará ocioso en su chalet de Galapagar.

Porque la teoría política se aplica igual para el PP que para Podemos desde que se inventaron las primarias, que es el mayor atraso político que existe. Las primarias, ya se ha demostrado, son capaces de hundir hasta el partido más sólido. Incluso los idealistas que defendían lo interesante de la democracia interna echan de menos aquellos tiempos de los lideres por designio divino sin «tutelas, ni tu tías». Los partidos con primarias se convierten en un guerracivilismo de manual donde una vez ha concluido la guerra queda todavía la ardua tarea de purgar a los que se equivocaron de bando. Porque qué clase de guerra habría sido si no... Y las más cruentas son en las que el líder, al salir victorioso, insisten en que en el partido caben todos. Los de un sector y los del otro... Y como algunos se lo creen, pues no corren y así acaban. «Fíate tu de la Virgen y no corras», que dice mi amigo Mario.

Precisamente en esto debía de andar en Génova últimamente, en purgar «sorayos» y así se explica el batacazo electoral.

En política se perdona todo menos haber apostado por el candidato equivocado, entonces uno puede ir encargando su esquela a los periódicos, que cada vez sale más barata. Incluso llegará el día donde los periódicos vayan a buscar a los muertos para seguir llenando la página de esquelas. Así podría haberlo hecho Jesús Julio Carnero, que resultó que no quería ser presidente de la Diputación. Aunque nadie sabía qué quería ser, puede que ni él mismo cuando en abril estuvo a punto de quedarse fuera de todas las listas electorales -municipales y autonómicas-, lo supiese. Tal vez pensase que el que parte y reparte se lleva la mejor parte, pero la política funciona con otras reglas.

Unas reglas por las que el PP está de operación bikini: estrechándose ideológicamente. Veníamos de un Partido Popular que aglutinaba vaya usted a saber cuántas corrientes y ahora, ahora ya sólo parece que puede quedar la del sector de oficialista.

Guillermo GarabitoGuillermo Garabito