Guillermo Garabito - Pasaba por allí...

La guerra de los mudos

«Nadie dijo nada en el debate. El votante salió muy convencido de que le quisieron vender algo, pero nadie sabe con certeza el qué»

Guillermo Garabito
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Desde Orson Welles y «La guerra de los mundos» en octubre de 1938 nadie había hecho tanto por la radio como ayer los candidatos de Castilla y León a la Presidencia de la Junta. Ninguno parecía haberse percatado de que aquello era un debate televisivo y eso que era el segundo -y último- de los que se han celebrado durante esta campaña. Fue un debate que los candidatos habían preparado, diría yo, como si nadie les fuera a ver; como si sólo les fueran a escuchar. Aunque en Cs han mejorado muchísimo: Luis Fuentes no levantaba la vista de los papeles en sus intervenciones en las Cortes durante la pasada legislatura y Francisco Igea, ayer, demostró que sabe levantarla, aunque sólo sea un instante. Pequeñas conquistas de la democracia interna.

El problema de debatir en televisión principalmente es que uno corre el riesgo de que le vean los votantes, aunque sea por casualidad. Por eso les convendría a los candidatos haber cursado un master en teletienda, que es la única forma de vender algo a la gente cansada. Ayer todos quisieron vendernos algo pero a ninguno nos quedó muy claro el qué. Y es que ir a la televisión sin ser guapo es una osadía. Querer ser presidente sin dar bien a cámara… A estos políticos nuestros ya no les queda vergüenza. Mire el lector a Casado, Sánchez y Rivera nacieron a la política porque la cámara les quería. ¡Maldita lotería cruel la de los rasgos propicios! La telegenia es un habilidad que los candidatos de Castilla y León no tienen muy trabajada.

Por eso Alfonso Fernández Mañueco contrató a un asesor de imagen. Un gurú de la imagen que le debió de asesorar parecerse mucho a Mariano Rajoy. Es una maniobra arriesgada, como mínimo de un visionario. Y eso hizo el del PP en el debate, parecerse al expresidente del Gobierno. No se hizo gallego, quede tranquilo el lector, pero se hizo el sueco. Cuando el resto de partidos le atacaban él seguía con su discurso monótono de políticas burocráticas. Y es que incluso para parecerse a Rajoy hace falta ensayar mucho. Somos una tierra de gente seria y nuestros políticos a los debates van con datos y más datos, como si esto siguiera siendo el siglo XX o el XIX incluso. Cada uno con los suyos, pero datos al fin y al cabo y así no se convence a nadie.

Tudanca estuvo plano, que es una postura como otra cualquiera de estar en la vida. Los logros curriculares de los que presumió fueron las políticas de Zapatero y de los anteriores gobiernos socialistas en Madrid. Más allá de eso, que no es que sea el mejor de los avales, no quiso molestar demasiado. Y en su silencio y en su discurso horizontal se pasó la noche poniéndole ojitos a Francisco Igea para que le haga presidente de Castilla y León. E Igea, que se sabe «la novia», se dejó querer con una de cal y otra de arena; con la solvencia de quién sabe que lo difícil es perder.

Ser presidente siendo guapo es una vulgaridad, que es lo que le ocurre a Pedro Sánchez, ya digo. Por eso las señoras le ven y le votan con el volumen de la televisión quitado. Pero aquí algo tenían que decir los candidatos en el minuto de oro. Y lo usaron para montarse un concurso de Miss Universo. Cada uno llevaba preparando su mejor sonrisa durante días, cepillados los dientes de casa, su perfil ideológico más moderado… Y prometieron muchas cosas, tantas cosas que el espectador acabó abrumado. Quizá prometieron incluso la paz en el mundo, porque siempre hay que prometer algo más.

Lo peor del debate de anoche es que en realidad nadie dijo nada. El votante salió muy convencido de que le quisieron vender algo, pero nadie sabe con certeza el qué. Y eso es lo triste, que después de dos debates y quince días de campaña los partidos políticos no aclaren con quién van a pactar y el votante siga sin saber a quién va a votar.

GUI.LERMO GARABITOGUI.LERMO GARABITO