Educación

La «generación Félix»: la huella educativa de un maestro

Un trabajo fin de máster de la Universidad de Burgos se centra en la proyección didáctica del célebre naturalista

MAR GONZÁLEZ
BurgosActualizado:

Félix Rodríguez de la Fuente marcó a toda una generación inculcando el respeto y la defensa de la naturaleza con una importante labor divulgativa. Entre sus seguidores se encuentra Miguel Ángel Pinto, director del Aula de Medio Ambiente de la Fundación Caja de Burgos, quien además, ha centrado su trabajo fin de máster en la proyección educadora del célebre naturalista burgalés.

Pinto no duda en definirse como parte de esa «generación Félix» que creció con sus documentales y habla con una mezcla de respeto y pasión sobre «el maestro», Félix Rodríguez de la Fuente. Bajo la dirección de Pablo Celada y como colofón al Máster en Educación y Sociedad Inclusivas de la Universidad de Burgos, Pinto ha rastreado los pasos educativos de Félix desde su infancia en Poza de la Sal, donde no fue escolarizado hasta los diez años.

Pinto considera que un educador «nace y se hace» y aquellos años de libertad con su cuadrilla conocida como los «Dios te libre» marcaron su infancia. En este sentido, señala que Félix «no sólo aprende y disfruta en y con la naturaleza», sino que es consciente de que debe comunicar lo que él siente y esa comunicación es, al final, educación.

Una obra vocacional

La investigación de Pinto recoge cómo el conjunto de la obra de Félix Rodríguez de la Fuente contiene elementos más que suficientes para ser empleados como recursos didácticos y su proyección educadora es, por tanto, «amplia y sólida». Y, especialmente, destaca su preocupación «y hasta vocación» por enseñar a los niños. «Todo el mundo recuerda el Hombre y la Tierra, pero el trabajo de Félix incluye muchas más cosas, incluso una serie de dibujos animados», señala el investigador de la UBU.

Pinto recuerda además, con nostalgia y en primera persona, aquellos campamentos de Los Linces de Adena y señala que Félix dedicó mucho tiempo y esfuerzo a la creación de escenarios y materiales para los más pequeños. Una herencia que ha recogido la Fundación que lleva su nombre y que sigue organizando campamentos o programas como el Bosque Escuela.

Quien fuera uno de aquellos «linces» tiene claro que en la actualidad, todos los profesionales y aficionados españoles vinculados a temas ambientales en todas sus vertientes, desde la conservación a la investigación o la educación ambiental, forman parte en su mayoría de aquella «Generación Félix» que nació entre los años sesenta y setenta y aprendió de la mano del naturalista burgalés el valor del mundo en el que vivimos y la necesidad de defender su fauna y flora, «porque todos estamos juntos en el mismo barco, en este planeta azul».

En este sentido, Pinto se pregunta en su trabajo fin de máster cuál es el alcance de esa «Generación Félix» y su compromiso en la continuación de la formación de las futuras generaciones comprometidas con cambiar la relación actual entre las personas y la naturaleza.

Una pregunta que quizás responda, académicamente hablando, en su futura tesis doctoral. Pero Miguel Ángel Pinto ya la responde cada día con su trabajo al frente del Aula de Medio Ambiente de la Fundación Caja de Burgos, desde donde organiza talleres para todas las edades, proyectos de recuperación ambiental..., y con el impulso a diversos colectivos como el club de Jóvenes Pajareros.

Pinto es un firme defensor de aquellos ideales que Félix Rodríguez de la Fuente inculcó a toda una generación y reivindica con su investigación en la Universidad de Burgos la faceta educativa del célebre naturalista más conocido por sus documentales para radio y, especialmente, televisión.

El «Cid» de la naturaleza

Un trágico accidente de avioneta en Alaska se llevó pronto al Félix Rodríguez de la Fuente pero Ángel Pinto asegura que, «como el Cid, ganó batallas después de muerto». Treinta y seis años después de su fallecimiento, todavía se pueden seguir sus huellas en proyectos activos de educación y naturaleza y su obra contiene elementos suficientes para ser empleados como recursos didácticos en la enseñanza de las ciencias naturales a las próximas generaciones, que son las que heredarán el planeta Tierra.