al pairo

Mic y el fascismo guipuzcoano

En el San Sebastián bilduetarra el genocidio es global y carga contra todo un pueblo y contra su futuro

fernando conde
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De todos es sabido que el indigno cálculo electoral de unos cuantos políticos sin escrúpulos, unido a un cierto complejo democrático, propició que en las pasadas elecciones vascas los hijos de ETA ocuparan las instituciones y asentaran su sangrienta memoria en las poltronas guipuzcoanas. Sólo una sociedad enferma puede admitir que en los estamentos democráticos se cuelen quienes continúan haciendo apología del terrorismo y quienes han convertido el asesinato a sangre fría en una efectiva herramienta política. Sin embargo esa es, por desgracia, la realidad.

En la Alemania de 1938 encontramos un precedente claro de lo que ha ocurrido esta semana con el Ayuntamiento de San Sebastián y la editorial leonesa MIC. El asunto recuerda mucho a la Alemania de Reinhard Heydrich, «La bestia rubia», uno de los nazis más inquietantes de la Historia. Según recoge este diario, Bildu, la mano que mece la cuna en una de las ciudades más bellas de España, ha decidido rescindir unilateralmente el contrato de servicios con la citada editorial (en los tiempos que corren todo un ejemplo, al parecer, de negocio prospero y bien dirigido). La razón es que, según los bilduetarras, «el uso del castellano en las comunicaciones verbales supone un daño irreparable a la ciudadanía» (sic). Se entiende que con ello no sólo se estigmatiza a la editorial leonesa, sino que se lanza un aviso a los navegantes que osen emplear en la ensimismada aldea guipuzcoana, siquiera para comunicarse verbalmente, una lengua con 450 millones de personas en el mundo. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Heydrich parió en noviembre de 1938 la idea de marcar a los judíos con algún distintivo que permitiera, «prima facie», saber quién lo era y quién no en su ario Reich. La idea tuvo éxito y, a partir de 1941, todos los judíos mayores de cinco años tuvieron que portar en su brazo izquierdo, en un lugar bien visible, un brazalete amarillo con una cruz de David impresa enmarcando la palabra «jude». En San Sebastián, en octubre de 2012, el otro fascismo también ha empezado a marcar para distinguir a quienes usan sólo el euskera de quienes cometen la impureza racial de comunicarse en castellano (tal vez, pronto estos últimos tengan que portar un brazalete con la silueta de una piel de toro enmarcando la palabra «español»).

En la Alemania nazi el genocidio cometido contra el pueblo judío lo arrasó brutalmente. En el San Sebastián bilduetarrra, en cambio, el genocidio es global y carga contra todo un pueblo y contra su futuro. Y lo malo es que, como tarden mucho en reaccionar, quizá sea demasiado tarde.