Juicio por las prejubilaciones de Caja Segovia
Juicio por las prejubilaciones de Caja Segovia - ICAL

Una exconsejera de Caja Segovia, a los acusados: «Nos engañasteis a todos»

Dolores Romero, testigo en el juicio por las prejubilaciones, señala que la dirección les pidió «un acto de fe»

ABC
SegoviaActualizado:

La exconsejera y exmiembro de la Comisión de Control de Caja Segovia Dolores Romero denunció ayer, en la tercera sesión de las prejubilaciones, que en la primavera de 2011 el director general en funciones de la entidad Miguel Angel Sánchez Plaza les pidió «un acto de fe» para creerse que los exdirectivos se habían prejubilado con las mismas condiciones que el resto de empleados. Romeró dimitió de sus cargos cuando, unos meses después, les dieron, «por primera vez», las cifras exactas de las retribuciones y sentirse «engañada».

Romero, que declaró en calidad de testigo, aseguró tener la impresión de que «nos engañaron a todos» porque el plan de prejubilaciones del comité de dirección con un porcentaje, el ya famoso 74,7, «no significaba nada» y no fue hasta después, «a toro pasado», cuando supo que «sólo para una persona» había «una dotación de más de 5 millones», que corresponde a la cantidad dada en este juicio para la prejubilación del exdirector general de Caja Segovia, Manuel Escribano.

Romero explicó que al publicarse en los medios las cantidades personales de cada exdirectivo, reclamaron una reunión con el presidente de la entidad, Atilano Soto, en la que estuvo el director general en funciones, puesto que la entidad ya había transferido los activos al BFA. Fue en este marco, en el que se les dijo que hicieran «un acto fe» y que se creyeran que los directivos se había prejubilado con las mismas condiciones que el resto.

Durante el interrogatorio de las acusaciones y las defensas, Romero sostuvo que los exconsejeros y exmiembros de la Comisión de Control aprobaron el plan de prejubilaciones de 2006 y las posteriores modificaciones en 2008 y finales de 2010, «amparados en la buena fe» de los directivos de la Caja y «eso daba confianza», pero al mismo tiempo deslizó acusaciones claras y directas de presiones y coacciones ya que si «un tema espinoso» no salía por unanimidad se dejaba para otra reunión, informa Ical.

Segun la exconsejera, nunca les dieron «documenacion previa» y se lo explicaron de palabra pero «nunca se habló de cantidades» y tampoco supo, en los nueve años que estuvo en los órganos de dirección de la caja, cuál era el sueldo de los integrantes del comité de dirección, porque siempre le denegaron esa información.

«David contra Goliath»

Romero llegó a decir que los consejeros del grupo de trabajadores no tenían el mismo trato que el resto de los consejeros y se marchó de la Caja «impotente» y con la sensación de haber estado en la lucha de «David contra Goliath» y «ya no podía más».

Los abogados de los acusados principales y los de a título lucrativo cuestionaron su testimonio y le reprocharon que no acudiera a los tribunales si tenía dudas y que como consejera de la Caja tenía la obligación y el deber de cuestionarse todos lo que se aprobada en los consejos. Romero declaró que podían llevar razón y «no ejercí mi responsabilidad».