Fernando Conde - Al pairo

Espejito, espejito

«Los habitantes del reino se despertaron y comprobaron atónitos que sentido común y coherencia habían desaparecido»

Fernando Conde
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Érase una vez un reino en el que tiempo atrás no se ponía el sol nunca. El reino, gobernado desde hacía tiempo por la misma casa, había tenido fama de ser un lugar en el que el sentido común y la coherencia guiaban el paso de sus moradores. Pero un buen día,los habitantes del reino se despertaron y comprobaron atónitos que ambos, sentido común y coherencia, habían desaparecido…

Así podría arrancar este cuento de nunca que acabar que es ahora mismo Castilla y León. Al parecer, hemos sido moneda de cambio para acuerdos en media España y en eso quizá tenga razón el apesadumbrado y herido Luis Tudanca cuando lo denuncia. Pero pasma oír el clamor y el griterío proveniente de sus huestes y de su propia boca ante el pacto de gobierno que han firmado PP y Cs para la próxima legislatura. Lo tildan de desvergüenza, de traición y de falta de respeto hacia la opción más votada -la suya-. Deben de tener una memoria tan blanda como esos relojes de Dalí, porque olvidan que su mentor nacional, el ínclito Pedro Sánchez, echó de la Moncloa a su antecesor promoviendo un pacto a siete bandas que incluyó en el mismo, sin mucho rubor, a descerrajadores profesionales de tiros en la nuca. Y por entonces ese clamor, que ahora se oye nítido y claro hasta en la España vacía, era sólo un silencio sepulcral, cómplice e ignominioso.

Pero por la otra parte no crea el lector de cuentos que la cosa es mucho mejor. Porque ahí tenemos, haciendo gala también de una incoherencia sonrojante, a ese partido, que hasta antes de ayer se las tenía juradas a todas las diputaciones provinciales, metiendo en las negociaciones la presidencia -a su favor, claro- de dos de ellas, la de Burgos y la de Segovia, de momento. Se asemeja el cuento mucho al de aquel en que una zorra se quejaba de la estrechez de las huras del conejo… hasta que le hicieron el hueco a su medida. Y en su futuro socio, pues otro tanto. Como en esos anuncios que la gente pone cuando pierde algo valioso, en el suyo han colgado un abochornante «se gratificará generosamente».

Hace un par de años, el ya casi ex presidente Herrera aconsejaba públicamente a su correligionario Rajoy que se mirara en el espejo y se preguntara qué veía en él. Desde entonces los espejos en la política española han proliferado más que en el valleinclanesco Callejón del Gato. Pero en el cuento de los pactos postelectorales castellano y leoneses, si le preguntáramos al espejo eso de «espejito, espejito ¿quién es la más coherente del reino?» a buen seguro que el espejo contestaría rotundo: ¡la madrastra de Blancanieves!

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