noción personal

ESPECIE EN EXTINCIÓN

Joaquín Otero ha sabido conjugar la especial idiosincrasia y el papel de León en un marco parlamentario de dominancia castellana

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El fin de la actual legislatura autonómica trae consigo el fin de la etapa como parlamentario en las Cortes de Castilla y León de Joaquín Otero. El histórico procurador leonesista deja tras de sí una brillante trayectoria como orador y como trabajador infatigable entre sus señorías. Se podría o no estar de acuerdo con sus postulados políticos, pero es unánime el reconocimiento a una trayectoria cercana a dos décadas de buen hacer a un nivel por encima de la media en nuestro pequeño parlamento.

Otero tiene raíces bercianas, concretamente en Villafranca, cuya familia tiene cierto prestigio en la zona. Lugar que frecuenta casi todos los fines de semana y donde es muy conocido. Esta vertiente de la comarca políticamente más singular de Castilla y León la combina Joaquín con su ciudadanía leonesa. Por lo que no es de extrañar que haya sabido conjugar la especial idiosincrasia y el papel de León en un marco parlamentario de dominancia castellana. Es decir, sabe moverse y entiende las dualidades enmarcadas en un mismo contexto administrativo.

Su buena imagen ante los medios de comunicación bebe de sus años más juveniles donde participaba como locutor en Radio León en espacios donde la música, la cultura y el «buen rollo» era eslogan de toda una generación. Se diría que parte de él es periodista, o al menos comunicador. Algo que le ha servido años después para la práctica política. De buen aspecto y verbo fácil tenía prácticamente todos los boletos para convertirse en el hijo predilecto del pope del leonesismo José María de Francisco. Esos años de cachorro de león aventajado fueron unos años felices para la UPL en particular y para el leonesismo en general. Y mientras el padre del leonesismo moderno se embriagó de poder recorriendo vericuetos imposibles, aventuras peligrosas, pactos en Caja España, contrapactos en política local y mil pseudolocuras más, el pupilo se hizo hombre y tuvo que tomar el control, el poder, la bandera del leonesismo más práctico y real. Fueron, sin duda alguna, los mejores tiempos de esta singular fuerza política, la tercera en Castilla y León a nivel representativo y la primera en la provincia de León en cuanto al sentir general. Otra cosa es que se asuma el mapa actual de forma irreversible por parte de la mayoría de la sociedad leonesa.

Pero al panal de rica miel cientos de moscas acudieron… y a la UPL le salieron líderes e intereses por doquier. El frágil entramado interno se ha ido cayendo a golpe de abandonos y luchas fraticidas. Nadie entendió la salida de la formación política con sede propia de las Cortes. Los cantos de sirena del PP para entrar en posibles gobiernos nunca alcanzaron visos de realidad. Quizás cuando se quiso ya no era momento. El caso es que Joaquín Otero ha seguido su propia estela en una última legislatura donde no ha encontrado casa política al final del periplo.