Escaparate de los ancestrales ritos de la Pasión

Una muestra fotográfica exhibe en Italia algunas de las tradiciones más arraigadas de la Semana Santa regional

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Exceptuando «tres o cuatro procesiones fuertes», el empeño por atraer turistas ha provocado «en los últimos díez o quince años» una homogeneización de estos ritos, siendo cada vez más difícil de encontrar originales tradiciones arraigadas a la tierra. Mostrar la autenticidad con la que aún se vive la Semana Santa en algunos puntos de Castilla y León, así como sus ancestrales rituales es el objetivo de la exposición que el Centro de Estudios de Religiosidad Popular ha llevado a Palermo (Italia).

«Pensé que debía recuperar este sentir profundo que aún existe, documentarlo y darlo a conocer», sostiene el director del citado centro y de la Cátedra de Estudios de la Tradición de la Universidad de Valladolid, José Luis Alonso Ponga, comisario de la muestra junto al también profesor Ignacio Buttita. ¿Y por qué la capital siciliana? «Porque en Italia, sobre todo en lo que es el antiguo reino de Nápoles, están convencidos de que su Semana Santa recibió influencias de la corona española y así es», justifica el profesor.

«La Semana Santa ritual y vivida», que fue inaugurada el pasado 9 de abril, quiere llamar la atención sobre los valores históricos y patrimoniales que aún se conservan como ritos completos, y para ello fija su atención en prácticas que continúan celebrándose en cuatro localidades de Castilla y León: «La Bajada del Ángel» de Peñafiel (Valladolid), que tiene lugar en la mañana de Pascua y que bebe de los autos sacramentales del Barroco; el Desenclavo y Procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste (Zamora), sin apenas variación desde el siglo XVIII; «El Santo Potajero» de la Bañeza (León), perpetuando la obligación que tenían los cofrades de Nuestra Señora de las Angustias de dar de comer a los presos de la cárcel durante la Semana Santa, y la tradición de los conqueros, hermanos de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ánimas de la Campilla, de pedir limosna en la ciudad de Toro (Zamora). A estas cuatro localidades, la muestra suma la procesión de los «picaos» de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), conservada desde el Barroco pese a su prohibición en el reinado de Carlos III.

La exhibición reúne un total de 60 fotografías y un par de documentales - uno sobre la Semana Santa de Valladolid y otro sobre los propios enclaves elegidos-, que se pueden ver hasta el 23 de abril en la Iglesia de Santa María dello Spasimo. Señala Alonso Ponga que le hubiera gustado añadir imágenes «de otros 18 ó 20 pueblos» más «que tienen verdaderas joyas como ritos, cada uno de los cuales son básicos para interpretar y entender lo que ha sido la Semana Santa hasta ahora», pero como siempre ocurre en estos casos, el espacio era limitado, así que tendrán que esperar a otras exposiciones que el comisario ya está pensando en organizar.

Por el momento, Alonso Ponga se muestra «muy contento» de la acogida que ha tenido la exhibición en una ciudad como Palermo, que ronda el millón de habitantes. Además, destaca la colaboración mantenida para su realización con entidades como la Fundación Federico II, que podría llevar en un futuro la exposición de Palermo a las cinco localidades protagonistas, además de intentar traer el testimonio de otras semanas santas italianas a España.