El profesor de dibujo Antonio Acevedo, Izaskun Sánchez; el hijo de Rosa Chacel, Carlos Pérez Chacel, y la profesora de Literatura, María Ángeles López
El profesor de dibujo Antonio Acevedo, Izaskun Sánchez; el hijo de Rosa Chacel, Carlos Pérez Chacel, y la profesora de Literatura, María Ángeles López - F. HERAS
Educación

Dibujando la palabra: colores que hablan del alma

El proyecto creará murales en nueve centros escolares de Castilla y León a lo largo de este curso

Actualizado:

Nueve centros educativos de Castilla y León acogen este curso la iniciativa «Dibujando la palabra», a través de la cual, a partir de un texto de un autor castellano y leonés, los escolares realizan dibujos con los que la ilustradora y muralista Izaskun Sánchez realiza posteriormente un mural en un espacio de cada uno de esos centros.

«En el infierno había un violoncello» fue el poema de Rosa Chacel elegido en el IES Ramón y Cajal de Valladolid para inspirar a sus estudiantes, pero antes de ese mural, realizado el pasado 18 de diciembre, los alumnos del Instituto de Secundaria Condes de Saldaña de dicha localidad palentina también trabajaron sobre la obra de Rocío Rueda, en noviembre pasado.

La iniciativa, impulsada por la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León, aúna literatura, dibujo y pintura y nace de la propuesta de Izaskun Sánchez y del gestor cultural Fernando Conde.

Los centros -seleccionados por las direcciones provinciales de Educación- eligen un texto de los autores participantes (Rocío Rueda, Esther Bueno, María Jesús Jabato, Elena Santiago, Raúl Vacas, Ignacio Sanz, Fermín Herrero, Daniel Pérez y Rosa Chacel) y los departamentos de Literatura y Plástica de los centros trabajan con los alumnos (de 10 a 16 años) para que creen dibujos inspirados por dicho texto, además de tener un encuentro con los escritores. Sánchez realiza un mural con los dibujos, que después es coloreado por los niños.

Fernando Conde explica que es «un proyecto colaborativo» que está siendo «una experiencia muy buena porque para los chavales es divertido, ya que todo lo que es dinámico y en lo que se sienten protagonistas les gusta». Además, por medio de este proyecto, los niños ven «que las artes están enlazadas» y que, por ejemplo, «en la Generación del 27 no solo hubo poetas», que ese grupo llega incluso hasta el cine con Luis Buñuel. Es también una manera de acercar la literatura de otro modo a los más pequeños, y las artes plásticas, que «muchas veces se ven como “marías”», sin la relevancia que tienen para el ser humano y relegadas a un segundo plano en la educación frente a otras disciplinas científicas o técnicas, cuando «lo que nos distingue de los animales es que somos capaces de escribir un poema» o pintar un cuadro que será una obra de arte, según asegura Conde.

Vocación de permanencia

Asimismo, destaca la calidad de algunos de los trabajos creados por los escolares, obras «de gente con una creatividad y una fuerza expresiva tremenda» que empiezan a conocer la vocación de permanencia del arte. Como el mural está hecho por ellos, «cuando ya no estén en el centro quedará como un recuerdo, habrán dejado algo más que un nombre y un expediente» en el mismo. Baste el ejemplo de una alumna que le contaba que «es muy bonito que cuando yo no esté aquí, ahí siga mi violín», relata Conde, para quien esta experiencia tiene «mucha significación» para los estudiantes.