Un diálogo «sotto voce»

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Ópera y grandes voces

«Soirée Rossiniana»

Cecilia Bartoli, mezzosoprano; Sergio Ciomei, piano

Lugar: Valladolid, CCDMD

Fecha: 18-04-2009

ROSA SANZ HERMIDA

Volvió Cecilia Bartoli a Valladolid. Su tercera visita, ésta en la sala sinfónica del «Miguel Delibes», en una «Soirée Rossiniana», acompañada por el genovés Sergio Ciomei al piano. El público, rendido a los encantos de la cantante. Hay que estar presente para entender la formidable empatía que crea la Bartoli con el patio de butacas, y por qué sus actuaciones registran llenos absolutos (explicables también por motivos extramusicales).

Han conformado este concierto veintiséis piezas del repertorio belcantista italiano (Rossini, Bellini, Donizzetti) y franco-español (Manuel García, Pauline Viardot y María Malibrán), amén de tres propinas (De Curtis, Montsalvatge). Un menú generoso y bien planificado en la alternancia de canciones de estilo ligero y grácil, a modo de divertimentos, y otras de tono más lírico y doliente, cerradas con un fin de fiesta muy español: el jaleo «Yo soy un contrabandista» (M. García) y «Rataplán» (M. Malibrán), obritas que arrancan de inmediato el aplauso incontenido del público pero en las que, paradójicamente, se ponen de manifiesto ciertas limitaciones de la mezzosoprano.

Bartoli estuvo imponente, más convincente en los pasajes líricos, en los que su aterciopelado timbre explora las posibilidades expresivas de la media voz. Indudablemente es más persuasiva en estos fragmentos que en el despliegue de endiabladas agilidades que, no obstante, desarrolla con destreza y arte.

Sergio Ciomei fue el coprotagonista indiscutible. Posee grandísima musicalidad y sabiduría interpretativa que le lleva a permanecer en un discreto segundo plano para que se concentre la atención sobre la voz, pero su intervención no pasa inadvertida. Exquisito, preciso y con tanto dominio técnico como capacidad expresiva; el teclado es un suave tobogán por el que se deslizan los dedos como de puntillas. Indescriptible.