Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Cumbre hispano-ilusa

«La Cumbre con Portugal debería servir para tantas cosas… Pero para Pedro Sánchez sólo significa una oportunidad de hacerse fotos para el Instagram»

Guillermo Garabito
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Para ser presidente del Gobierno hay que tener el ego muy grande, tan grande como para que sólo le quepa a uno en un Airbus. Y tal vez ese sea el único requisito que cumpla Pedro Sánchez para vivir en La Moncloa. La Moncloa, que es un catafalco de egocentrismos, el kilómetro cero de los espejos, ese lugar donde no se pone -ni se depone- el ego.

A Valladolid, que llegue Pedro Sánchez, no le importa en verdad nada. Valladolid es sobre todo una ciudad hecha a si misma. Piedra sobre piedra se erigieron catedrales y sus hitos se grabaron en plateresco. Y la ciudad, aún con todo, sigue ostentando una notable sobriedad. Una sobriedad bien heredada que vendrá a perturbar el de la Begoña el miércoles trasladando la Corte de los enchufes hasta la ciudad del Pisuerga y de la Esgueva.

La Cumbre con Portugal debería servir para tantas cosas… Pero para Pedro Sánchez sólo significa una oportunidad de hacerse fotos para el Instagram. Una Cumbre y un costoso desplazamiento que justifica el alcalde de Valladolid diciendo que es que los horarios del AVE les caen mal. Exactamente, porque la Cumbre durará de las cuatro de la tarde hasta las once de la noche. Lo que viene siendo una cumbre de media tarde, que no es ni Cumbre ni es nada. A los portugueses que lleguen a la ciudad el miércoles lo que más habría que hacer es pedirles perdón e invitarles nuevamente otro día a comer y a dormir. Y luego, nuevamente, pedirles otra vez perdón por este presidente absolutista que cada vez sospecho más que es lo que nos merecemos.

Hay en este derroche un afán de nuevo rico, una inseguridad de manual freudiano. Fletar un Airbus, un Falcon y un helicóptero… Un quedarle grande el cargo, como un traje heredado, entienda el lector. Porque Pedro Sánchez, que quizá haya leído casi tanto como ha fusilado, cuando publique su autobiografía, escrita por su correspondiente negro, hará suyo -sin comillas- el título a Stefan Zweig de «Momentos estelares de la humanidad». Quizá sea por esto que Sánchez y el alcalde de Valladolid son tan amigos, que por eso Óscar Puente haya llegado a ser el hombre que susurraba a Pedro Sánchez: por el gusto coincidente de ambos por el teatro.

La Cumbre, por la vanidad de Sánchez, se quedará en cumbre hispano-ilusa. No se ilusionen ustedes, que «los sueños, sueños son». Y ahora lo ven hasta los socialistas sin cargo, que son los que resucitaron a Pedro Sánchez. Él no vino a renovar nada, sino a traer al Ejecutivo un absolutismo egocéntrico sin palacios rococó. Y ahora el socialista currito e hipotecado, el españolito de a pie -que viaja en metro cada mañana- ya ha visto que Pedro Sánchez es simplemente un nuevo rico. Un tipo de Tetuán venido a más con ansias de sacar a presumir el Falcon que guarda en el garaje. Y mientras, el españolito bregando.

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