Guillermo Garabito - LA SOMBRA DE MIS PASOS

Corona de espigas

Desde hace un tiempo parte de los artistas de este país han decidido erigirse en inquisición progre

Guillermo Garabito
Actualizado:

El mundo del cine es una cosa jodida. Toda la vida esperando triunfar como director y cuando llegan los reconocimientos uno se da cuenta de que mejor habría sido pasarse el resto de la vida esperando.

Le ocurrió anteayer a José Luis García Sánchez en Valladolid recogiendo la Espiga de Honor de Seminci. La Espiga de Honor es uno de esos premios que no da de comer, pero da titulares… que es peor. Los titulares son el alimento con el que tienden a llenarse la boca los oportunistas. Y se sació: «Vayan más al cine y menos a las procesiones". Esto lo dijo tan ancho en la Valladolid de Juni, de Fernández y de Rincón. En la Valladolid que se enciende tras sus cristos de palo cada año al dar Semana Santa.

Lo peor que puede ocurrir en un premio no es que sea inmerecido. Lo peor es esperar del galardonado un discurso que implique algo más elevado que un«“muchas gracias». Demasiadas expectativas sin tener en cuenta que a los directores de cine sólo debería exigírseles saber de cine; y eso a los buenos.

El director de cine José Luis García Sánchez, con la Espiga de Honor de la Seminci
El director de cine José Luis García Sánchez, con la Espiga de Honor de la Seminci - ICAL

Pero a García Sánchez le sucedió como a otros cineastas antes, que por esta moda de ir sin papeles por la vida terminó diciendo sandeces. Vaya a saber el lector si por los nervios o a falta de ideas más inteligentes. Como lo de Fernando Trueba al recoger el Nacional de Cinematografía en 2015. Y es que la originalidad de algunos en este país ha pasado a ser muy poco original. El recurso de tirar contra los cristianos, o en el caso de Trueba contra España en general, es una moda que comienza a estar terriblemente demodé. Desde hace un tiempo parte de los artistas de este país han decidido erigirse en inquisición progre. Se han constituido en veladores de una moral que se la trae al pairo, comenzando por la propia. Y se permiten dar lecciones al personal de lo que se debe o no hacer.

Releo las palabras del director y lo siento por él porque a los creyentes poca ofensa les hace, aunque lo intente. Pero con las cofradías ha topado. Y en Valladolid la Semana Santa se hereda y los cofrades son muy suyos, incluso los de acera. Perdonan –que para eso es de buen cristiano–, pero olvidar, me temo, ya es otra historia.

GUILLERMO GARABITOGUILLERMO GARABITO