Los cuatro alumnos de la escuela de Peñaflor de Hornija, en el patio del colegio
Los cuatro alumnos de la escuela de Peñaflor de Hornija, en el patio del colegio - F. HERAS

El «cole» de la España vacía también se va de vacaciones

Castilla y León es la región que cuenta con más centros rurales agrupados, 188, y la que más alumnos tiene en ellos, 15.575. En el curso recién concluido la Junta permitió mantener algunas escuelas con tan sólo tres estudiantes

Peñaflor de Hornija (Valladolid)Actualizado:

Llega el verano y toca despedirse de los compañeros de clase. Pero en Peñaflor de Hornija, una localidad vallisoletana que no llega a los 300 habitantes, los cuatro alumnos que acuden al colegio del pueblo saben que se verán prácticamente a diario en las calles del pueblo. Su centro poco tiene que ver con el de las grandes urbes en cuanto al espacio y el número de alumnos. Eso sí, los objetivos son exactamente los mismos. En total este curso han sido cuatro -dos de Infantil y otros dos de Primaria-. Todos bajo la supervisión de un tutor. Casi veinte años lleva Enrique en esta misma escuela rural y ha visto como el número de estudiantes ha caído de unos veinte a los cuatro o cinco matriculados en los últimos años.

Es una unidad perteneciente al Colegio Rural Agrupado (CRA) Campos Góticos, de Medina de Rioseco. Se trata de la fórmula más común de organización educativa en la conocida ya como España vacía, en la que el pueblo más grande es la cabecera y tiene allí a su director, mientras que el resto son unidades dependientes con su propio tutor. Como una de las regiones más dispersas y despobladas del país, Castilla y León es la comunidad con más centros de este tipo. En total son 188, y es la autonomía que acoge más alumnos en ellos, 15.575.

Un amplio patio da la bienvenida a un edificio formado por tres aulas, todas ellas antes ocupadas por estudiantes. Hoy, una es la clase principal, otra es la de inglés y la restante hace de gimnasio. A la izquierda, justo en la puerta de entrada, tienen su pequeño huerto y ya en los pasillos están expuestas las poesías de Victoria, una de las alumnas del centro que ha cursado quinto de Primaria, pero que ya con cinco años comenzó a escribir versos.

Su hermano Daniel también acude al «cole». Está en Infantil junto a Douae, una niña marroquí de tres años que se incorporó en marzo y prácticamente ha salvado la escuela. Al iniciar el curso eran cinco alumnos, pero dos tuvieron que marcharse por motivos laborales de su familia y quedaron tan sólo tres alumnos.

El límite para mantener una escuela abierta en Castilla y León es de cuatro alumnos -es la única en España que lo hace-, aunque ya en el curso pasado se permitió mantener algunas con tan sólo tres, siempre y cuando en un futuro cercano esté prevista la incorporación de nuevos alumnos.

Completa la lista de estudiantes del colegio de Peñaflor Valeria, una estudiante de segundo de Primaria de padres búlgaros. «Esta escuela se ha mantenido por los niños inmigrantes», recuerda Enrique, quien asegura que ya son varios los años en los que el cierre ha estado cerca, pero han conseguido esquivarlo.

Cumplen los objetivos

Las clases se estructuran como en cualquier centro de España. Tienen su horario establecido, diferentes asignaturas, los mismos libros que el resto -subvencionados en su caso por el Ayuntamiento-, clases bilingües en Plástica y Educación Física y los más mayores se enfrentan a exámenes. «Ellos saben que tenemos establecidas unas rutinas», explica el tutor. Primero los más pequeños se dedican a juegos educativos y el profesor se encarga de explicar los contenidos a los más mayores. En este caso, mientras a uno se les explica la materia, el otro hace actividades. «Tenemos que adaptarnos a las necesidades. Tiene su parte positiva, que es una atención individualizada y el trato, los niños son casi nuestra segunda familia, pero también la negativa, que puede ser sobre todo en la parte relacional», considera Enrique.

Los alumnos, junto a dos crías de hurón
Los alumnos, junto a dos crías de hurón - F. HERAS

Y esto no supone que los estudiantes no cumplan los objetivos que deben ni que no vean todos los contenidos que les corresponde. Cuando abandonan el centro, en sexto de Primaria, y pasan al instituto la integración suele ser muy buena. De hecho, algunos han llegado a la universidad. Tienen también algunas posibilidades que no poseen las ciudades. Por ejemplo, pueden llevar animales a sus clases -este año les han acompañado en alguna jornada dos crías de hurón y una planta carnívora- y eso les sirve para ver en la práctica parte de la teoría.

Un día a la semana los chicos esperan a Marta, su profesora de Educación Física. Ella es uno de los docentes itinerantes del CRA Campos Góticos que dos jornadas a la semana pasa por todas las escuelas que dependen de esa cabecera -Peñaflor, Villafrechós y Villalba de los Alcores-. Recorre 200 kilómetros cada uno de esos días, al igual que los compañeros que acuden para impartir Inglés, Música y Religión.

Es interina y, en su caso, éste es un trabajo que le agrada pese a la itinerancia. «Suelo pedirlo», recalca esta profesora, que valora mucho la escuela rural. «No hay mucha diferencia en cuanto a la formación, hay mucha cercanía con los alumnos y el tiempo que tenemos le dedicamos el cien por cien a educar, que es lo verdaderamente importante».

Castilla y León es la región que cuenta con más centros rurales agrupados, 188, y la que más alumnos tiene en ellos, 15.575. Es la única que mantiene colegios con cuatro escolares.