DEL AGUA MANSA

LA COJERA DE LOS HÉROES

La debacle del 20-N puede ser incluso más sonada que la hecatombre de Óscar López

ANTONIO PIEDRA
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CONFIRMADO. También, previsiblemente, cerrojazo para el PSOE en Castilla y León. «Aquí no hay nada que pescar», dicen que exclamó cierto prócer del socialismo histórico cuando escuchó el jueves al señor Bono en Salamanca como quien pone pies en Polvorosa: «Las campañas electorales sirven para poco». Pues nada, que no las hagan. Y sobre todo esta de Rubalcaba que, al parecer, el pescado no es que esté, según el CIS, prácticamente vendido, es que el poco que queda en las lonjas se está poniendo cada día que pasa más amarillo. Así que los castellanos y leoneses, que son tradicionales en los gustos del pescado, en cuanto notan que el pez huele, por salud y frugalidad se tiran a lo seguro: al bacalao. Así ocurre desde los tiempos del cuplé: castellano viejo, ajo con pescado abadejo.

La debacle del 20-N puede ser incluso más sonada que la hecatombe de Óscar López que, para consolidar el «puro cambio» en la Meseta, y para dar explicaciones en campaña a los castellanos y leoneses, fichó a don Gaspar Zarrías —experto en votar hasta con los pies en el Senado— y a don Manuel Chaves, un padre ejemplar donde los haya. O sea, a dos gazapos del «puro cambio» en movimiento semejantes a la liebre de Aquiles que, según aseguraban los sofistas, por mucho que corra el leporino jamás alcanzará a una tortuga coja. Total, que inasequible al desaliento tras las autonómicas y municipales, Óscar López, emulando al 15-M, repicó en internet y ¡zas!: la revolución cibernética. Resulta que en realidad ganó las elecciones. Dio rango de 30 procurador a todo aquel que con un email le bailara el agua fuera de las urnas. Fue tan eficaz y contundente el fichaje de hace unos meses que ahora, según los cocineros del CIS, Ávila y Soria podrían quedarse sin representación socialista. Esto, evidentemente, no lo sabremos hasta el 20-N por la noche pero... Algunos insensatos incluyen también a Zamora en la rueda trituradora de santa Catalina. Que el señor Camacho no pudiera comerse tranquilamente el faisán por Navidad en su casita bien aforada, no sería una debacle o una hecatombe. En absoluto. Sería el preámbulo de la locura que, como un escape natural del pueblo ante la insoportable presión de ciertos políticos, aconsejaba San Agustín con cierta regularidad y gracejo en La ciudad de Dios: con ellos «es tolerable que una vez al año se haga uno el loco».

ZP y Rubalcaba llevan ocho años haciéndose el loco con ideas y con actos: mentira sobre mentiras, parados sobre más parados, sectarismo sobre sectarios, verdugos sobre víctimas, despilfarros para la ruina y, como final de la traca en descomposición, ese campeonato olímpico del ministro Blanco en las gasolineras. Así que los dos —el dúo ZP y P. Rubalcaba— llegan ahora a Castilla y León con la lengua fuera. Y claro, la estampa no es muy atractiva que digamos. Para esta clase de heroísmo —«Pelea por lo que quieres»— hay aquí un sentido del humor un tanto histriónico desde que el bueno de Quevedo pasó por Valladolid y lo trincaron en San Marcos de León: es contraproducente ver tan de cerca la cojera de los héroes.