Ascensión Ramón, en su bar de Bárcena de la Abadía
Ascensión Ramón, en su bar de Bárcena de la Abadía - ABC

Cien años tras la barra de un bar

Ascensión Ramón, de 104 años, ha echado el cierre al último establecimiento hostelero de Bárcena de la Abadía, una pequeña localidad de El Bierzo, tras estar más de un siglo detrás de su mostrador

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En el bar de Ascensión, en la pequeña localidad berciana de Bárcena de la Abadía, ya no se sirven desde este lunes más cafés ni copinas de orujo. A su propietaria le ha llegado la hora de un merecido descanso tras pasar un siglo detrás de un mostrador. Lo dice con pena, e incluso se emociona al otro lado del teléfono porque «¡han sido tantos años!» y «nunca tuve una discusión con nadie», se jacta.

Dice que lleva tras un mostrador «desde los cuatro años» acompañando a su familia en los distintos negocios que tuvo, «una carnicería, una tienda de ultramarinos e incluso una fonda», donde paraba mucha gente, entre ellos obreros y mineros que llegaban para trabajar en las minas cercanas «desde muchos lugares, incluso desde Portugal».

En la actualidad esas minas también han cerrado, «y estos pueblos también mueren porque no hay trabajo», señala con nostalgia Ascensión Ramón, recordando que los pocos jóvenes que quedan en la comarca tienden a marcharse en busca de trabajo. «Esto parece ahora más un desierto que un pueblo», denuncia esta centenaria que pese a su avanzada edad no le faltan fuerzas para reivindicar. «Lo que tenían que hacer era abrir las minas que se han cerrado, que tienen mucho carbón y del bueno». Tampoco se amilana a la hora de dar un buen tirón de orejas a «los políticos» de Ponferrada y El Bierzo. «Que me perdonen, pero hay que decir la verdad: no se molestan en hacer nada. Por ejemplo, ¿por qué no traen el AVE?, daría mucha vida», reivindica esta trabajadora incansable, que desde bien joven se quedó viuda y «tiró para delante» con sus siete hijos.

Ascensión Ramón, en su bar
Ascensión Ramón, en su bar - ABC

En el bar de Ascensión cuelga ya el cartel de «cerrado por jubilación» y con la clausura de su establecimiento ya no queda ninguno abierto en Bárcena de la Abadía, aunque llegó a tener hasta siete. Ella no solo lo achaca a la cada vez mayor despoblación -«apenas quedan tres niños cuando había hasta un centenar cuando yo críe a mis hijos», recuerda-, sino también a los impuestos de este tipo de establecimientos. «No deberíamos pagar lo mismo que un bar de la Puerta del Sol, en Madrid; así no se incentiva el emprendimiento en el medio rural», se queja.

De su establecimiento sólo tiene recuerdos positivos: «Siempre había gente, se organizaban bailes, obras de teatro, se cantaba». Por ello, y sobre todo, por sus vecinos, es por lo que siente cierta pena de haber echado el cerrojo pese a que reconoce que con 104 años «ya está bien de trabajar».

A modo de despedida, Ascensión Román ha escrito una carta que está circulando entre los vecinos en que señala que para ella es «un orgullo y satisfacción» haber llegado a su edad «con plena capacidad física y mental» y además añade su agradecimiento «a Dios» por haberle permitido «seguir al frente del negocio durante todo este tiempo, aunque solamente fuera para charlar con los vecinos, amigos y gente de paso, con los que alguna que otra vez hemos posado para que esos momentos queden plasmados en una fotografía que quedara siempre para el recuerdo».

En la misiva, esta vecina berciana echa la vista atrás y recuerda que «hemos pasado tiempos difíciles, años de miseria, guerra, hambruna, postguerra, crisis... épocas buenas y no tan buenas, pero de las que con trabajo, sacrificio, dedicación y ahínco hemos salido». Asimismo, hace una llamada a «nuestros gobernantes» para que «tomen medidas» porque los bares en poblaciones pequeñas «no pueden soportar los mismos impuestos y exigencias que en la misma plaza de Lazúrtegui o en la Puerta del Sol». «Os digo que la casa de Santos, como era conocida, o la casa de Ascensión o Bar La Viuda nunca se cerrará, estará siempre abierta a toda persona que nos quiera visitar, siempre habrá un trago para compartir y un rato para conversar», concluye después de reiterar su agradecimiento a sus convencidos por «el cariño y confianza brindada».