José Manuel Fuentes, uno de los voluntarios casavejanos que colaboraron en la extinción del incendio, destaca el valor de los profesionales  Los voluntarios del retén trabajaron día y noche para sofocar el incendio que se cobró la vida de un joven sevillano en Casavieja

La cara humana de la lucha contra el fuego

Una semana después de hacer frente a un infierno de llamas, los profesionales de las cuadrillas y los voluntarios relatan su experiencia en la extinción del incendio que asoló 630 hectáreas de monte en el Valle del Tiétar y costó la vida a un compañero

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TEXTO: PATRICIA GARCÍA ROBLEDO FOTOS: M. MARTÍN / EFE

CASAVIEJA (ÁVILA). El incendio de Casavieja quedó extinguido el pasado martes, pero los rescoldos del fuego continúan vivos en la mente y el corazón de los casavejanos. Se ha quemado parte de su sierra, 630 hectáreas del monte que, desde tiempos inmemoriales, ha pertenecido a esta localidad ubicada en el Valle del Tiétar, en la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Sin embargo, las llamas contaron con la feroz resistencia de los voluntarios de Casavieja, Mijares, Gavilanes y Piedralaves, que se lanzaron armados con hachas, azadas y palas a los pinares o que, desde el pueblo, organizaban el reparto de agua, leche y bocadillos para los que contribuían a extinguir el incendio.

El comportamiento de los habitantes de Casavieja y los pueblos aledaños fue ejemplar y, en palabras del alcalde de la localidad, Rafael Ortega, «heroico». Cientos de personas soportaron durante los cuatro días que duró el incendio, provocado de forma intencionada y que le costó la vida a un joven operario de la cuadrilla de La Iglesuela (Toledo), Javier Tirado, temperaturas infernales. Al calor de las llamas se sumaban los más de 40 grados de temperatura que registraba el sur de la provincia de Ávila.

Javier Delgado forma parte de la cuadrilla de extinción de incendios de Candeleda que trabajó en las tareas de control y apagado del fuego en la zona superior de la ladera de la montaña calcinada. «El pinar estaba falto de mantenimiento», critica Delgado. Tampoco se habían realizado otras labores necesarias como la tala selectiva de pinos, no existían cortafuegos y ni se despejaron las pistas forestales por las que los medios terrestres acceden a los frentes en llamas, lo que además de favorecer la extensión de las llamas, dificulta la tarea de los efectivos e incrementa el peligro de sufrir un accidente laboral.

La limpieza de los montes, el mantenimiento para la prevención de incendios que se realiza «en otoño, invierno y primavera» y es competencia de la Junta de Castilla y León. Sin embargo, los miembros de las cuadrillas denuncian que no se han realizado adecuadamente estas tareas. Delgado ha trabajado en el monte, en Casavieja, codo con codo con las decenas de voluntarios de los cercanos municipios. «La labor que han hecho los voluntarios es digna de una medalla», asegura Delgado. «La mayor parte del trabajo lo hicieron ellos», reitera.

Juan José Martín Fuentes, casavejano y conocedor de la sierra de la localidad, participó como voluntario en la extinción del incendio en su localidad, «con otras muchas personas», resalta, incluyendo a los «medios de extinción de incendios, las cuadrillas, aviones y helicópteros, que fueron esenciales».

Durante horas, se internó en la sierra, entre pinares, monte bajo y fuego, acompañado de decenas de voluntarios de la zona que conocían el lugar y, con su esfuerzo y experiencia, lograron atajar las llamas en algunos de los frentes. Junto a ellos, algunos turistas que «intentaron colaborar, pero no conocían el terreno ni iban preparados con la ropa y herramientas adecuadas», por lo que «más que ayudar, estorbaban, crean caos». «Hay que formar bien a las cuadrillas», apunta.

«Los bosques se queman porque no hay brigadas de prevención, en invierno no hay trabajos de limpieza en la sierra», critica Martín, «está todo emboscado , ya nadie vive del monte, y no se limpian ni siquiera las cunetas de las carreteras». Por ello, anuncia la creación de una plataforma vecinal para defender su término municipal. Ahora, espera que se tomen medidas para que el monte no siga destruyéndose. «Hay que evitar ahora la erosión, haciendo bancales en la montaña y repoblando con pinos valsaínes, tejos, arce y robles», aconseja.

Sin miedo a las llamas

La rabia y la desolación se dibujan en los rostros de los casavejanos cuando recuerdan que el incendio de Casavieja fue intencionado, y que desde el 25 de julio se habían registrado otros cuatro intentos de prender la sierra. «Vimos el humo del incendio en torno a la una y media de la tarde del sábado», recuerda Ismael Ricote, de 29 años, «y cuando tocaron las campanas -para avisar del fuego- ya se había enterado todo el mundo».

Equipados con botas y ropa adecuada, con una azada, un hacha o una pala al hombro, los casavejanos comenzaron a ascender la ladera de la sierra en dirección a los tres focos que se dibujaban en la masa verde del monte. »Aquí colabora todo el mundo, incluidos los pueblos de los alrededores», añade otro de los voluntarios que extinguieron el fuego, Pepe Cañas, de 43 años.

No piensan en el riesgo de adentrarse en un infierno de llamas, de caminos y pistas forestales emboscadas. «Sólo piensas en que se te quema la sierra», asegura Ismael. «Al principio, estaba todo muy desorganizado porque se veían varios focos pero no los localizábamos», añade. Los primeros en llegar al fuego fueron los voluntarios.

«Eran tres focos imposibles de parar», describe Pepe Cañas, quien criticó que algunas cuadrillas que no eran de la zona «estaban más perdidas que nosotros», así como que no les permitieron realizar cortafuegos ni talar pinos que «ahora están calcinados». Incluso llegaron a quemarse las

Por la noche, sin el amparo de las cargas de agua de los medios aéreos, el incendio se vuelve más voraz. El resplandor rojo de las llamas es apreciable a decenas de kilómetros, y el paso del incendio a través de los árboles cruje, silva, y se hacen claramente audibles los estallidos de las piñas envueltas por el fuego. También durante la noche permanecieron los voluntarios en el frente del incendio, intentando ganarle terreno para salvar su sierra.

Apoyo logístico

Aquellos que, por desconocimiento de la zona o por no tener experiencia en la extinción de incendios, se quedaron en Casavieja, colaboraron en tareas logísticas. Es el caso de la camarera de un bar de la localidad o de Ángel Luis Rodríguez, turista madrileño que ayudó a recoger y repartir botellas y garrafas de agua, cartones de leche -protege las vías respiratorias del humo-, fruta y bocadillos entre los que apagaban el fuego en el monte. El centro de operaciones se estableció en la Casa Consistorial, donde se almacenaban los víveres y desde donde se cargaban en coche y camiones para su distribución.

Barras de pan, embutidos y fiambre eran los ingredientes con los que las mujeres de Casavieja preparaban de forma febril los bocadillos en el Ayuntamiento. Según los cálculos del Consistorio, en los cuatro días que duró el incendio se realizaron hasta 10.000 bocadillos para alimentar a los 200 profesionales de los medios de extinción y más de medio millar de voluntarios. Además, ofrecieron su colaboración a los niños desalojados de la granja escuela de Casavieja, y a los turistas del centro de turismo rural y el camping, que también abandonaron temporalmente estas instalaciones.