El músico y etnomusicólogo Miguel Manzano
El músico y etnomusicólogo Miguel Manzano - ICAL
Artes&Letras

«La canción folk es un nuevo invento que utiliza un repertorio mínimo de nuestra tradición»

El músico y etnomusicólogo Miguel Manzano ha traspasado fronteras con canciones religiosas: los «Salmos para el pueblo», que cumplen ahora 50 años

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Zamorano de Villamor de Cadozos, Miguel Manzano ha dedicado su vida a la música. Reconocido estudiosos de la tradición musical y Premio Castilla y León de Conservación y Restauración del Patrimonio 2007, ha traspasado fronteras con canciones religiosas: los Salmos para el pueblo, que cumplen ahora cincuenta años. Su «Qué alegría cuando me dijeron» o «Este es el día en que actuó el Señor» se han cantado por medio mundo.

-Más allá de la enorme difusión de sus Salmos en Hispanoamérica, cuenta en su página web que le llegaron peticiones para editarlos con sus melodías y textos traducidos desde Finlandia o Japón. ¿A cuantos idiomas se han adaptado?

-La enorme difusión de los Salmos para el pueblo en Hispanoamérica es un hecho. Yo lo considero como una consecuencia de dos circunstancias favorables. La primera, la reforma litúrgica decretada por el Vaticano II. Al permitirse el uso de las lenguas vivas en las celebraciones litúrgicas se abrió el camino a que los viejos (milenarios) textos litúrgicos en latín pudieran ser cantados en lenguas vernáculas (las lenguas usuales en cada país). Pero además a la lengua española se le abrió un campo todavía mucho más amplio, pues la traducción de los Salmos realizada por Alonso-Schökel conserva y respeta la métrica de los acentos del hebreo original. Y por ello permite partir de esa base para componer melodías que respetan íntegramente los textos originales y el ritmo de la poesía hebrea.

«Recibí algunas críticas por los salmos, pero sólo los que se aferraban al pasado, lamentando la pérdida del latín»

Ignoro si mis Salmos se han publicado así en otros idiomas, pero lo veo difícil, pues la melodía sigue literalmente la acentuación y el texto de la traducción ‘oficial’ al español. Tan sólo un colega organista en Nueva York me ha citado, creo recordar, alguna adaptación en inglés, de algún salmo suelto. También me queda un vago recuerdo de que al principio la editorial PAX acordó una versión en portugués con alguna editorial de Brasil. Pero una traducción al inglés o al francés no habría tenido mucha utilidad, pues uno y otro país tienen el ‘gospel’ o algo equivalente, en abundancia. De hecho yo canté decenas de cánticos en francés, de muy buena calidad en texto, melodía y arreglos corales e instrumentales durante mis dos años de estancia en París.

-Usted mismo tenía como referente las canciones góspel, ¿sus Salmos cambiaron la estricta liturgia católica? ¿Recibió críticas por la ‘pequeña revolución’ que suponían en las ceremonias?

-Bueno, canciones góspel (religiosas) en lengua española se venían cantando desde comienzos del siglo XX en España. Pero el cancionero vetusto que se comenzó a componer desde el siglo XIX, sobre todo para las misiones populares, perdió la severidad que tenía en sus comienzos, para convertirse en un repertorio de canciones ridículas que se propagaron con ayuda de varios libros por todos los seminarios y casas de formación de curas, frailes y monjas al estallar la abundancia de ‘vocaciones’ en la postguerra. Cuando cantábamos en los internados «Jesús, vivir no puedo lejos de ti»; o «Dulce Madre mía, vida de mi amor», es claro que estábamos mintiendo, creyendo que rezábamos. El cambio que introdujeron mis Salmos fue el de que los textos que la Iglesia venía cantando en la misa y en el oficio, en latín, desde el siglo V ‘hasta nuestros días’, que eran los de los salmos en latín, pudiesen ser cantados en lengua española con una buena y fiel traducción de la lengua hebrea original, no del latín. Aquello fue una ocasión inédita y única. En mis dos cursos de Liturgia y Música en París, a la vez que mi estancia en un barrio obrero, fue donde aprendí la base teórica y la práctica de la música popular litúrgica en francés. Llevarla al español me fue fácil, pues yo ya había venido componiendo canciones diferentes a las del ‘devocionario piadoso’ y mentiroso de estas tierras. Ciertamente recibí algunas críticas, pero sólo de los que se aferraban al pasado, lamentando la pérdida del latín.

En cuanto a las ‘ceremonias’, yo no cambié ni propuse absolutamente nada, pues era el Concilio Vaticano II el que había reordenado la parte ritual de las celebraciones.

-Escribe en su página web que basta escribir el título de uno de sus salmos en You Tube para encontrar «decenas de versiones musicales de todo tipo, estilo y pelaje, desde las de un grupo japonés hasta las de ‘el cura rockero’». ¿Ha dejado de sorprenderse ya del recorrido de esas canciones?

-Ya no me sorprende en absoluto encontrar estas versiones. La expresión ‘de todo tipo y pelaje’ por una parte es como un reconocimiento de su difusión. Pero hay ‘pelajes’ impresentables, por absoluta falta de preparación musical de quien las canta y hace los ‘arreglos’ (estropicios muy a menudo). Pero ‘cada quisque’ puede hacer lo que quiera con lo que ya es de dominio público. Yo no me siento ofendido. Muy al contrario, me hacen sonreír ciertos cantantes y grupos.

-Ha dedicado toda su vida a la investigación del folclore tradicional y sin embargo su aportación de mayor impacto, al menos en cuanto a público, son los Salmos para el pueblo, canciones religiosas. ¿No resulta paradójico, incluso un poco injusto, teniendo en cuenta que ha recopilado los cancioneros tradicionales zamorano, leonés, burgalés y castellano y leonés...?

-No me resulta paradójico, sino todo lo contrario: es muy comprensible. Las 9.000 canciones, aproximadamente, que he recogido por Zamora, León y Burgos y publicado en 9 volúmenes, algunos de ellos muy gruesos, exigen una lectura cantada (aunque sea mentalmente, claro, como cualquier lectura de un texto) a quienes quieran saber cómo se cantaba en nuestras tierras antes de que el repertorio tradicional llegara al estado agónico en que hoy está en el ámbito rural, donde fue una práctica diaria ‘para todos -o casi- los vecinos’, y me consta que hoy se estudian y se entonan como ejemplos musicales en algún Conservatorio. Pero no son ni siquiera conocidas por la inmensa mayoría de los que en estas tierras se autodenominan ‘cantores folk’. Mas no me preocupa este hecho, pues estoy convencido de que irán ganando en valor con el paso del tiempo.

Sí me da seguridad, sin embargo de que ‘haciendo las cosas bien’ para dar a conocer los valores de nuestra tradición musical se consigue también éxito. Tengo un dato personal: los cuatro CDs de la colección «El tesoro del cancionero popular español», cuyo contenido íntegro son 45 canciones de Castilla y León publicados por RTVE Música entre 2005 y 2009, interpretadas por el Grupo Alollano con arreglos vocales e instrumentales míos, llegaron rápidamente al primer puesto en los listados de El Corte Inglés y de la Fnac. Lástima que la colección se cerrara por razones desconocidas, y el trabajo quedara súbitamente cortado.

-Participa en un documental reciente, ¡Folk! Una mirada a la música tradicional, sobre la evolución del género. ¿Puede ser la renovación la clave para la supervivencia de esta música?

-Le confieso que todavía no he visto ese documental. Pero además le diré que no tengo prisa en verlo, pues viendo simplemente el tráiler que lo publicita en internet me he cerciorado en lo que vengo diciendo. Lo que desde hace algunas décadas se viene denominando ampulosamente como música folk no es más que un repertorio que se funda en una forma especial de cantar una parte mínima e insignificante del cancionero tradicional de nuestra tierra, imitando costumbres que han venido en gran parte de fuera de España. Tal estilo de canto se funda sobre unos ‘tics’ reiterativos (estilo de emitir la voz, completamente artificioso si lo comparamos con la espontaneidad y sinceridad de los viejos cantores tradicionales), la guitarra casi siempre como base rítmica y armónica (que, atención, nunca se usó en la tradición cantora de esta tierra, excepto para cantar alguna ‘jotilla’)…, etc. Pero ojo, con unas armonías simplicísimas, reiterativas, siempre tonales, casi nunca modales (a pesar de la riqueza armónica y la renovación sonora que permiten escribir las antiguas escalas que las conforman), y por cantores individuales o grupos mínimos. Basta, para experimentar esta diferencia abismal, comparar los sonidos que producen estos cantores con la forma y estilo de cantar de, por poner un ejemplo, Argimiro Crespo (a quien yo mismo tuve el honor de descubrir).

«La más de 20.000 canciones recogidas son más que suficientes para mostrar la riqueza de nuestra tradición»

Como tampoco nunca se escuchará en música folk, por poner otro par de ejemplos, un coro de 15 o 20 voces, de hombre o de mujer, que comuniquen la fuerza y la calidad musical que tiene el canto colectivo (tan ’tradicional’, tan ‘secular’) recordando las antiguas pandillas de rondadores que recorrían las calles de un pueblo, sobre todo de noche. Y como tampoco nunca se escuchará un canto del convite de bodas en el que un o una solista con buen chorro de voz cante a los novios una estrofa a la que responde un amplio número de comensales. Así que, como dejo dicho, no me pillará ese vídeo como vidente-escuchante, si no es por sorpresa, pues ya sé lo que me esperaría.

Conclusión: La denominada canción folk no es tradición que vaya más de cuarenta o cincuenta años atrás, y no representa lo mejor de nuestras antiquísimas y bellas y variadas músicas. Es un nuevo invento que utiliza un repertorio mínimo de nuestra miliaria tradición (dato comprobado: en los cancioneros de Castilla y León se han recogido directamente de la voz de cantores y cantoras más de 20.000 -la cifra es correcta, veinte mil- canciones) y lo ‘desnaturaliza’, en el fondo, en la forma y en la abundancia.

«Nuestras músicas bien tratadas producen admiración»

Sólo me falta concluir, para terminar esa respuesta, felicitando por su trabajo, a pesar de todo lo que he dicho, a los planificadores, los realizadores, los difusores y los financiadores de este proyecto. Les deseo mucha suerte. Lo que se ve en la proyección, en la breve muestra que he visto, es lo que hay por estas tierras.

¿Pero es eso todo y solo lo que hay? ¿Y es el estilo folk la única forma de revitalización que admite la memoria y el recuerdo de nuestro riquísimo y variadísimo pasado musical popular? Ahí queda la pregunta.

-Apenas quedan ya informantes que conozcan la esencia de la música popular, ¿el trabajo de campo que ha hecho junto al de otros especialistas es suficiente para conservar ese acervo más o menos completo?

-Es cierto que ya no quedan. Pero las más de 20.000 canciones que se han recogido en nuestras tierras desde hace casi un siglo y medio hasta hoy son más que suficientes como muestra de la riqueza y variedad de nuestra tradición cantora popular. El acervo recogido contiene, completos y muy repetidos, todos los rasgos musicales de nuestra música popular tradicional, y todos los géneros y especies de nuestra tradición popular cantora.

-La música tradicional de Castilla y León tiene grandes estudiosos, como usted o como Joaquín Díaz. Sin embargo, parece que fuera del ámbito especializado no se acaba de quitar cierto complejo de inferioridad respecto a la música de otras comunidades. Pese a todo, ¿da por bueno el esfuerzo de tantos años?

-Esto es cierto, y se debe a dos causas principales. La primera, el desconocimiento de nuestra tradición cantora fuera de los límites de nuestra Comunidad. En el conjunto de España, estas tierras del páramo castellano y de los montes de León siempre han sido un tanto despreciadas por las tierras más abiertas, más prósperas, menos necesariamente austeras, como son las nuestras. Pero hablando de música, yo no tengo ningún complejo. He tenido muchas experiencias de cómo la gente ‘de fuera’ que escucha nuestras músicas tradicionales ‘bien tratadas’ se queda admirada y asombrada. Sin ir más lejos: el pasado sábado, 13 de octubre, los 200 congresistas que han asistido al 56º Congreso de Belenistas, celebrado este año en Zamora, escucharon al grupo Alollano cantar para ellos una selección de La Pastorada Leonesa. Las felicitaciones de muchos asistentes emocionados, muchos de ellos procedentes de Valencia, de Andalucía y de Cataluña, que se quedaron boquiabiertos y admirados al escucharnos, al Grupo Alollano, que ‘no hace música folk’, en la iglesia parroquial de Fermoselle, fueron sinceras. Los propios organizadores del Congreso confesaban que estaban asombrados de aquella reacción.

¿Cómo no voy a dar yo por bueno el esfuerzo de tantos años, si la experiencia, después de más de 300 conciertos, primero con Voces de la Tierra y después con el grupo Alollano, siempre ha sido la acogida, con emoción y satisfacción, por profanos y por profesionales de la música?