Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

El bombo popular

«Bastante matraca dan los señores políticos el resto del año como para que ahora, Mañueco y Casado, el veintidós, quieran ser dos niños de San Ildefonso cantándole propuestas electorales a esta tierra»

Guillermo Garabito
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Vivo de los veranos, de estío en estío, pero cada vez me reconozco más en el invierno. En una chimenea que crepita con su voracidad de troncos, en una casa de piedra helada que obliga a la escritura para ir quemando todas las páginas que escribo. En este invierno, con su densidad de nieblas y nocturnidad. En la soledad de un pueblo cualquier tarde de diciembre, que es la peor de todas las despoblaciones. La soledad del invierno es un regalo envenenado a los pueblos. A estas alturas que los adobes son ya sólo un muro inexpugnable conquistado por la nada. En diciembre a uno lo dejan tranquilo con su crepitar de brasas y poemarios pendientes, con el bosque de lechuzas que han criado este otoño en mi jardín. Pero los pueblos sólo quieren un verano más y yo también.

Lo más parecido que tienen al verano a estas alturas es la Navidad. La soledad de mi tierra chica se disipa en esos días como una mañana de niebla sobre el páramo. Cualquier palomar de viejas tejas en declive podría ser el Portal, como recordaba con belleza el otro día en su pregón Montse Serrador. Al pueblo le crecen nuevas vidas en Navidad. Y junto a las catedrales de Torozos, que son alpacas de sillería apiladas una sobre otra, los pastores improvisan oraciones y el cencerro de alguna oveja va hilando villancicos.

La Navidad es para esto y para nada más. Para quitarle años a los pueblos, que esperan tan sólo otro verano. La Navidad es para las cosas pequeñas que escapan de una urbe ya atorada. La Navidad es un asunto de familia y de amigos, al que únicamente está invitado el Rey de España mientras la madre manda callar al crío y la abuela dice que «qué joven está Juan Carlos». Y esta intrahistoria inalterable, aquí y allá, de mis Torozos o de cualquier lugar de esta tierra, debe de conocerla Mañueco. De ahí que, se rumorea estos días, no quiera que le hagan la faena de proclamarle oficialmente candidato el día 22, en medio de la Junta Nacional que ha fijado el PP en Palencia. Supongo que para que no le haga sombra el «Gordo» de la Lotería. O premio voluminoso, por decirlo de forma inclusiva, no se vaya a ofender alguien que están los tiempos como para nada en realidad. Porque Mañueco debe de saber que a la Lotería es mejor no jugar más que por obligación y para quedar bien con el jefe, porque incluso los boletos premiados también tienen trampa. No vaya a ser que en mayo le toque ir a pedir el aguinaldo.

Alfonso Fernández Mañueco, prefiere que le toque la lotería mediática otro día, que deben de ser privilegios sólo al alcance de la clase política. Dejar el 22 y la Navidad tranquila al personal. Porque ya bastante matraca dan los señores políticos el resto del año como para que ahora, Mañueco y Casado, el veintidós, quieran ser dos niños de San Ildefonso cantándole propuestas electorales a esta tierra.

Lo más parecido que tienen al verano a estas alturas es la Navidad. La soledad de mi tierra chica se disipa en esos días como una mañana de niebla sobre el páramo. Cualquier palomar de viejas tejas en declive podría ser el Portal, como recordaba con belleza el otro día en su pregón Montse Serrador. Al pueblo le crecen nuevas vidas en Navidad. Y junto a las catedrales de Torozos, que son alpacas de sillería apiladas una sobre otra, los pastores improvisan oraciones y el cencerro de alguna oveja va hilando villancicos.

La Navidad es para esto y para nada más. Para quitarle años a los pueblos, que esperan tan sólo otro verano. La Navidad es para las cosas pequeñas que escapan de una urbe ya atorada. La Navidad es un asunto de familia y de amigos, al que únicamente está invitado el Rey de España mientras la madre manda callar al crío y la abuela dice que «qué joven está Juan Carlos». Y esta intrahistoria inalterable, aquí y allá, de mis Torozos o de cualquier lugar de esta tierra, debe de conocerla Mañueco. De ahí que, se rumorea estos días, no quiera que le hagan la faena de proclamarle oficialmente candidato el día 22, en medio de la Junta Nacional que ha fijado el PP en Palencia. Supongo que para que no le haga sombra el «Gordo» de la Lotería. O premio voluminoso, por decirlo de forma inclusiva, no se vaya a ofender alguien que están los tiempos como para nada en realidad. Porque Mañueco debe de saber que a la Lotería es mejor no jugar más que por obligación y para quedar bien con el jefe, porque incluso los boletos premiados también tienen trampa. No vaya a ser que en mayo le toque ir a pedir el aguinaldo.

Alfonso Fernández Mañueco, prefiere que le toque la lotería mediática otro día, que deben de ser privilegios sólo al alcance de la clase política. Dejar el 22 y la Navidad tranquila al personal. Porque ya bastante matraca dan los señores políticos el resto del año como para que ahora, Mañueco y Casado, el veintidós, quieran ser dos niños de San Ildefonso cantándole propuestas electorales a esta tierra.

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